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• Meta acordó limitar a dos horas diarias el uso de Instagram y Facebook para menores de 18 años en Estados Unidos, además de bloquear las plataformas durante la madrugada • La Dra. Claudia Arruñada advierte que prohibir o restringir no resuelve por sí solo el problema: hace falta alfabetización digital, acompañamiento familiar y entender cómo operan los algoritmos
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Dos horas al día, bloqueo durante la madrugada, menos notificaciones, cambios en los “me gusta” y mayores controles para adolescentes. El acuerdo de hasta 18 mil millones de dólares alcanzado por Meta en Estados Unidos podría transformar la manera en que niñas, niños y jóvenes utilizan Instagram y Facebook.
Pero poner límites de tiempo a las redes sociales no resuelve por sí solo el problema, advierte la Dra. Claudia Arruñada, académica del Departamento de Estudios Empresariales
En entrevistas concedidas a CNN en Español y Enfoque Noticias, la especialista en marketing, comunicación digital, publicidad e inteligencia artificial señaló que las nuevas restricciones representan un cambio relevante, pero sostuvo que una respuesta únicamente punitiva deja pendiente una discusión mucho más profunda: cómo aprendemos, desde edades tempranas, a relacionarnos con plataformas diseñadas para captar y mantener nuestra atención.
“Una estructura punitiva no es suficiente porque no estamos atacando el problema de raíz”, explicó.
El acuerdo alcanzado por Meta con estados de Estados Unidos después de años de litigios contempla un pago de hasta 18 mil millones de dólares a lo largo de una década, además de modificaciones en sus plataformas dirigidas principalmente a usuarios menores de 18 años.
Entre ellas se encuentran un límite predeterminado de dos horas diarias entre Instagram y Facebook, restricciones de acceso entre la medianoche y las 6:00 de la mañana, silenciamiento de notificaciones durante ciertos horarios escolares, mayores mecanismos para verificar la edad y cambios en funciones que pueden incentivar la permanencia en las plataformas.
También se contemplan medidas relacionadas con los sistemas de recomendación, la visualización de “me gusta”, la reproducción automática y determinados filtros estéticos.
Para Arruñada, estos últimos cambios resultan especialmente relevantes porque la discusión no pasa únicamente por cuánto tiempo permanece una persona frente a una pantalla, sino por qué mecanismos utilizan las plataformas para conseguir que permanezca ahí.
“Cada vez es menos el consumo de las cuentas que tú deliberadamente sigues y más bien estás metida o metido en las cuentas que la propia plataforma te está poniendo”, explicó.
Los algoritmos, señaló, aprenden de los patrones de consumo de cada usuario y utilizan esa información para ofrecer contenido capaz de mantenerlo navegando. A ello se suman mecanismos de validación social, como los “me gusta”, las métricas y las notificaciones.
El resultado puede ser el llamado scroll continuo o perpetuo: seguir desplazándose por la pantalla porque siempre existe la expectativa de encontrar algo nuevo.
La discusión sobre los efectos de las redes sociales en la salud mental de adolescentes es más compleja que establecer una relación automática entre horas de conexión y afectaciones psicológicas.
Precisamente por eso, Arruñada considera que restringir el acceso puede ayudar, pero debe acompañarse de alfabetización digital.
Y alfabetizar digitalmente, explica, significa mucho más que enseñar a utilizar una computadora, descargar aplicaciones o navegar por internet.
Implica comprender qué estamos consumiendo, por qué determinado contenido aparece frente a nosotros, cómo funcionan los algoritmos, qué buscan las plataformas y qué cuidados necesitamos adoptar cuando las utilizamos.
“Realmente comprender qué es lo que estamos consumiendo, cómo lo estamos consumiendo, cuáles son los beneficios y también cuáles son los cuidados que deberíamos implementar”, señaló.
La especialista también coloca parte de la discusión en el acompañamiento de las familias. Madres, padres, docentes, empresas tecnológicas y gobiernos, sostiene, comparten responsabilidades frente a un ecosistema digital que forma parte de la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes.
“No dejando todo a las plataformas y a los gobiernos. Aquí también la ciudadanía tiene una parte importante que necesita considerar”, afirmó.
Las modificaciones acordadas por Meta podrían tener además una consecuencia que rebasa la salud mental y la crianza digital: alterar el modelo de negocio de las propias redes sociales.
Arruñada explicó en Enfoque Noticias que buena parte de la industria publicitaria digital depende de mantener a las personas conectadas durante el mayor tiempo posible.
Si los usuarios jóvenes pasan menos tiempo en las plataformas y existen mayores restricciones a los mecanismos utilizados para retener su atención, también podrían modificarse los esquemas publicitarios construidos alrededor de esa permanencia.
“Esto le pega directamente a la industria publicitaria”, señaló la académica, quien considera que habrá que observar cómo responden anunciantes, plataformas y otras industrias vinculadas con el consumo de contenidos digitales.
El acuerdo también aumenta la presión sobre competidores como TikTok y YouTube para adoptar medidas similares, por lo que las consecuencias podrían extenderse más allá de Instagram y Facebook.
Para Arruñada existe, además, una razón para no reducir esta conversación únicamente al presente.
Mientras gobiernos y empresas intentan corregir problemas acumulados durante años de expansión de las redes sociales, la inteligencia artificial está entrando rápidamente en la vida cotidiana de las mismas generaciones.
Si sociedades, familias y escuelas vuelven a concentrarse únicamente en aprender a utilizar la tecnología sin comprender qué ocurre detrás de ella, advierte, podrían repetirse algunos de los vacíos que hoy intentan corregirse.
“Si seguimos dejando este hueco vacío, nos va a empezar a cobrar factura con el otro gigante que está aquí detrás de nosotros, que es la inteligencia artificial”, afirmó.
Por ello, más que enseñar a niñas, niños y adolescentes simplemente a usar tecnología, el desafío será enseñarles a entenderla, cuestionarla y decidir cuándo dejar de usarla.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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