Podría interesarte
PRENSA IBERO
PRENSA IBERO
• El Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S.J., recupera la nueva versión cinematográfica del clásico de Homero para reflexionar sobre la crisis migratoria, las personas desaparecidas y la necesidad de defender los derechos humanos
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Las conversaciones suscitadas por la versión cinematográfica de La Odisea, dirigida por Christopher Nolan, demuestran que las obras clásicas continúan vigentes porque permiten mirar los grandes dilemas del presente, afirmó el Rector de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S.J.
En una columna dedicada a la película, el Rector señaló que las discusiones alrededor de la adaptación recuerdan la vitalidad del humanismo clásico en una época en la que su valor es cuestionado. Para las instituciones dedicadas a la educación universitaria, consideró, este renovado interés representa una buena noticia.
Más allá de las opiniones favorables o adversas sobre la interpretación personal de Nolan, Arriaga Valenzuela celebró que la cinta pueda acercar a nuevas lectoras y lectores al relato del viaje de Odiseo de regreso a Ítaca.
Quienes se aproximen por primera vez a la obra, apuntó, encontrarán que los clásicos no hablan únicamente de un pasado remoto, sino que confrontan a las sociedades contemporáneas con dilemas recibidos a través de una larga tradición.
Entre los aspectos que el Rector identifica en la película se encuentra el énfasis en las consecuencias que enfrenta una civilización cuando quebranta normas consideradas sagradas.
En la interpretación cinematográfica de Nolan, esas obligaciones están relacionadas con el deber de acoger a las personas extranjeras y brindar una sepultura apropiada a los muertos. Su incumplimiento, explicó el Rector IBERO, “debilita los vínculos humanos y conduce a crisis”.
Aunque actualmente las sociedades no se rigen por los mandatos de Zeus presentes en el universo homérico, sí cuentan con un código universal que establece un horizonte irrenunciable de respeto a la dignidad: los derechos humanos.
Sin embargo, advirtió Arriaga Valenzuela, este código enfrenta ataques desde distintos frentes. Sus principios son vulnerados precisamente cuando las sociedades dejan de proteger a quienes migran, buscan refugio o han sido víctimas de desaparición.
Como ejemplo, mencionó la muerte de decenas de migrantes en Ceuta, a las puertas de Europa. Este episodio, expuso, habla del olvido del deber de acoger a quienes buscan asilo o refugio, de manera semejante a los antiguos suplicantes.
En México, la crisis de personas desaparecidas evidencia otra ruptura de las normas básicas de humanidad: el deber de localizar a las víctimas y brindar a toda persona fallecida una inhumación digna.
El Rector recordó que esta situación continúa provocando dolor en miles de familias, como señaló recientemente el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, durante su visita al país.
No atender estas heridas ni responder a los reclamos de quienes buscan a sus seres queridos puede conducir a la sociedad hacia “un terreno oscuro”, alertó. En la película, los muertos que permanecen sin sepultura acechan a Odiseo durante su descenso al Hades; fuera de la ficción, las deudas con las víctimas también persisten mientras no existan verdad, justicia y reparación.
Frente a este escenario, el desenlace no está escrito. Dependerá, sostuvo el Rector, de las decisiones tomadas por las generaciones presentes y futuras.
En este horizonte colocó a los casi dos mil jóvenes que la IBERO recibió para el nuevo ciclo escolar. Su formación no consiste solamente en adquirir conocimientos profesionales, sino en desarrollar una mirada amplia sobre el acontecer humano y asumir responsabilidades ante un mundo complejo y herido.
Desde hace más de 80 años, la Universidad Iberoamericana mantiene una apuesta por la educación humanista, nutrida por la centenaria tradición educativa de la Compañía de Jesús.
Dentro de esta tradición, el acercamiento a los clásicos nunca tuvo como finalidad acumular conocimientos, sino contribuir a la formación de personas íntegras, capaces de comprender la realidad desde distintas perspectivas y responder ante sus desafíos.
En México, este legado encuentra antecedentes en figuras del humanismo jesuita colonial como Francisco Xavier Alegre, intelectual veracruzano que tradujo a Homero al latín.
Para evitar un desenlace sombrío, planteó Arriaga Valenzuela, es necesario reafirmar con mayor fuerza las mejores normas construidas por la humanidad, sin dejar de reconocer sus limitaciones y puntos ciegos. Esto implica no resignarse ante el debilitamiento de los derechos humanos, sino defenderlos con mayor determinación y conservar, al mismo tiempo, la capacidad de revisar críticamente su aplicación.
En esta tarea, concluyó, la educación humanista y aquello que la filósofa Martha Nussbaum llamó “el cultivo de la humanidad” serán fundamentales para formar a las y los profesionistas que necesita un mundo complejo y roto.
La conversación generada por La Odisea de Nolan trasciende así el terreno cinematográfico: abre la posibilidad de preguntarnos qué sucede cuando una sociedad deja de acoger a quienes buscan protección, olvida a sus desaparecidos o niega dignidad a sus muertos. También recuerda que, frente a estas crisis, todavía es posible elegir otro desenlace.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
Para mayor información sobre este comunicado llamar a los teléfonos: (55) 59 50 40 00, Ext. 7594, 7759 Comunicación Institucional de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México Prol. Paseo de la Reforma 880, edificio F, 1er piso, Col. Lomas de Santa Fe, C.P. 01219