En el marco del4º Foro Día Mundial de la Salud Sexual: Justicia Sexual y Ciudadanía del Cuerpo, realizado en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, especialistas analizaron el impacto de la llamadamanósfera, un entramado de comunidades digitales que difunden discursos de misoginia y odio hacia las mujeres.
El psicólogo Alejandro Silva expuso, a partir del personaje Walter White deBreaking Bad, cómo la masculinidad hegemónica impone mandatos destructivos que generan frustración y violencia. Recordó que en México el 97% de los homicidios resueltos son cometidos por hombres, y que los suicidios masculinos cuadruplican a los femeninos. “Somos hombres matándonos entre nosotros y a las mujeres”, advirtió, al señalar que este sistema se reproduce porque se vive como fracaso personal, no como un problema estructural.

La radicalización en línea
Por su parte, el psicoterapeuta José María Jiménez explicó cómo lamanósferase ha convertido en un espacio de adoctrinamiento emocional e ideológico para adolescentes y jóvenes. A través de contenidos disfrazados de superación personal o autocuidado,influencersy comunidades en redes sociales promueven la idea de que el feminismo y la autonomía sexual femenina son los culpables del “sufrimiento masculino”.
“ Un adolescente puede recibir en cuestión de minutos contenido de la manósfera en TikTok. Es muy atractivo porque ofrece certezas y pertenencia, mientras el mundo externo no genera modelos alternativos”, señaló Jiménez. La falta de referentes positivos de masculinidad, añadió, abre la puerta a discursos que idealizan un “orden perdido” donde las mujeres estaban subordinadas.

Porno y desinformación sexual
El psicólogo y terapeuta sexual Edgar Quintana abordó otro fenómeno: la pornografía como principal fuente de educación sexual para niñas, niños y adolescentes. Señaló que la primera exposición ocurre en promedio entre los 8 y 10 años, antes de recibir orientación formal. “El porno educa en clave de poder y dominio, no de placer compartido ni justicia sexual”, dijo.

En la mesa de reflexión, organizada en conjunto por el Departamento de Psicologíade la IBERO y el Centro de Estudios de Género y Feminismos (Cecrige), los especialistas coincidieron en que la respuesta debe ser abrir espacios de diálogo crítico, comunitario y compasivo sobre las masculinidades, y ofrecer alternativas reales de pertenencia que contrarresten los discursos de odio. “ La masculinidad está en emergencia. La tarea es imaginar otros caminos antes de que la radicalización digital avance más”, concluyó Jiménez.
Texto y fotos: Mariana Domínguez Batis
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