La IA no puede sustituir la conciencia ni el juicio humano: Rector IBERO
• El Dr. Luis Arriaga, S.J., presentó cinco claves ignacianas para orientar el uso de la inteligencia artificial en las universidades jesuitas durante la reunión anual RASUJ 2026
• Llamó a colocar la dignidad humana, los derechos humanos y el pensamiento crítico en el centro de las decisiones tecnológicas
Las universidades jesuitas deben formar personas capaces de pensar críticamente, ejercer su juicio y poner la dignidad humana en el centro de las decisiones tecnológicas, afirmó el Rector de la Universidad Iberoamericana, Dr. Luis Arriaga Valenzuela, S.J., durante la conferencia magistral “Cinco claves ignacianas frente a la Inteligencia Artificial”, impartida en la reunión anual de la Red de Asociaciones del Sistema Universitario Jesuita (RASUJ) 2026.
Ante representantes de instituciones educativas de la Compañía de Jesús, el Rector sostuvo que la discusión sobre inteligencia artificial no debe comenzar con la adquisición de herramientas tecnológicas, sino con una reflexión sobre los fines educativos y humanos que las universidades desean preservar.
“La universidad jesuita no debería empezar preguntando qué herramienta compramos, sino qué es lo que queremos cuidar”, planteó.
Durante su exposición propuso cinco claves para orientar la relación de las universidades jesuitas con la inteligencia artificial: discernir antes de adoptar, formar criterio y no solamente producir respuestas, poner la dignidad y los derechos humanos en el centro, decidir con responsabilidad y audacia, y cuidar lo humano en una época marcada por la aceleración tecnológica.
Formar criterio frente a las respuestas automáticas
Arriaga advirtió que la inteligencia artificial puede producir textos, imágenes y explicaciones con rapidez y calidad, pero también errores, alucinaciones y mentiras. Por ello, consideró indispensable que las universidades fortalezcan la capacidad de análisis y discernimiento de las y los estudiantes.
“El juicio no se delega”, afirmó al señalar que las instituciones educativas deben formar personas capaces de evaluar críticamente la información que reciben y de asumir la responsabilidad de sus decisiones.
El Rector sostuvo que las universidades necesitan impulsar una nueva alfabetización digital, ética, intelectual y espiritual frente a la inteligencia artificial, de modo que las y los estudiantes aprendan a cuestionar las fuentes detrás de cada respuesta, detectar invenciones y comprender que una respuesta rápida no siempre es una respuesta adecuada.
Asimismo, llamó a revisar las prácticas docentes para privilegiar procesos de razonamiento, reflexión y aplicación situada del conocimiento.
El Rector presentó 5 claves para orientar el uso ético de la IA en las universidades jesuitas.
Dignidad humana y derechos humanos en el centro
Arriaga señaló que la inteligencia artificial debe analizarse no sólo desde una perspectiva tecnológica, sino también ética, económica, política, social y cultural. Recordó que estas herramientas operan mediante el uso masivo de datos vinculados con trayectorias escolares, condiciones económicas, rendimiento académico y vulnerabilidades de las personas.
“Ningún algoritmo debe cancelar el derecho a ser escuchado. Ningún sistema debe sustituir la posibilidad de explicar una situación personal. Ninguna herramienta debe volver invisible la desigualdad”, afirmó.
También llamó a prestar atención a los impactos de la inteligencia artificial en ámbitos como los derechos laborales, la extracción de recursos naturales, la privacidad y las desigualdades en el acceso a la tecnología.
Cuidar lo humano en la era digital
En la parte final de su conferencia, el Rector enfatizó que las universidades jesuitas deben defender espacios para la reflexión, la conversación, la lectura y la construcción de comunidad en un contexto cada vez más acelerado por la tecnología.
Sostuvo que la innovación tecnológica debe ayudar a fortalecer la misión educativa y no convertirse en un factor que incremente la presión o debilite la experiencia universitaria.
Asimismo, destacó la importancia de las capacidades relacionales y de la formación humanista, elementos que identificó como fortalezas históricas de la educación jesuita frente a los desafíos planteados por la inteligencia artificial.
Finalmente, defendió la vigencia de la educación superior en un contexto de transformación tecnológica y sostuvo que las profesiones continuarán existiendo, aunque deberán incorporar nuevas herramientas y formas de trabajo.
“Estudiar vale la pena porque el mundo necesita conciencia. El mundo necesita compasión. El mundo necesita rigor y el mundo necesita compromiso. Ninguna máquina reemplaza la responsabilidad de una persona que decide ponerse al servicio de la vida digna de los demás”, concluyó.
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