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• Gas y electricidad representan más de 60% de sus costos de producción • El sector enfrenta además retos de infraestructura, regulación, comercio exterior y disponibilidad de agua, aunque tiene oportunidades de crecimiento vinculadas con la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y las energías renovables • La industria química mexicana tiene capacidad para crecer, pero enfrenta una de sus principales restricciones en la disponibilidad de materias primas, particularmente gas natural
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

El ingeniero Miguel Benedetto, director de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) y egresado de Ingeniería Química en la Universidad Iberoamericana, explicó durante la charla “Industria Química en México” que el sector opera actualmente por debajo de 70% de su capacidad debido a la falta de insumos. Señaló que México cuenta con reservas de gas, pero también requiere desarrollar la infraestructura necesaria para extraerlo, transportarlo y procesarlo.
El problema no se limita a producir más gas. La industria necesita infraestructura para separar sus componentes y convertirlos en materias primas destinadas a cadenas de valor como los plásticos, hules y productos químicos especializados.
Benedetto planteó que México podría aprovechar mejor sus recursos si logra desarrollar esa infraestructura. Incluso el gas asociado a la producción petrolera en plataformas marinas representa un potencial que actualmente enfrenta dificultades técnicas y económicas para ser aprovechado y trasladado hacia los centros de consumo.

Otro de los principales desafíos es la electricidad. Gas y electricidad representan, en conjunto, más de 60% de los costos de producción de la industria química, mientras que el suministro eléctrico en México, de acuerdo con lo expuesto por el director de la ANIQ, enfrenta problemas de disponibilidad, confiabilidad y competitividad frente a Texas.
A esto se suman restricciones para que empresas que generan electricidad mediante procesos de cogeneración puedan incorporarla a las redes de transmisión. Benedetto señaló que algunas compañías cuentan con capacidad de generación, pero no pueden aprovecharla plenamente porque no tienen condiciones para incorporar esos excedentes a la red, lo que reduce los incentivos para nuevas inversiones.
Ante este escenario, la ANIQ trabaja con autoridades y legisladores para plantear modificaciones regulatorias que permitan reducir costos y generar condiciones para que la industria pueda expandirse. El directivo señaló que la organización reúne las necesidades de sus empresas en áreas como energía, medio ambiente, cambio climático, logística y comercio interior para posteriormente plantearlas ante las dependencias correspondientes y el Congreso.
El comercio exterior es otro eje estratégico para el sector químico. Benedetto destacó la importancia de mantener las condiciones comerciales con Estados Unidos y Canadá y de contar con reglas homogéneas que eviten que las empresas mexicanas enfrenten costos regulatorios distintos a los de sus principales socios comerciales.
También señaló la necesidad de defender la producción nacional frente a la creciente capacidad manufacturera de China y de agilizar los procesos aduaneros. De acuerdo con la exposición, el incremento de inspecciones a los embarques ha provocado mayores tiempos para la internación de productos químicos, por lo que la industria busca hacer más eficientes estos procedimientos.
La industria también enfrenta una tensión entre crecimiento económico y compromisos ambientales. Benedetto señaló que México ha asumido compromisos internacionales de reducción de emisiones, al mismo tiempo que requiere incrementar su capacidad energética para impulsar la producción.
A ello se suma la disponibilidad de agua. La modificación de las reglas para las concesiones y la incertidumbre sobre los volúmenes disponibles pueden convertirse en un factor que limite la operación de las plantas industriales. La economía circular y la regulación de sustancias químicas forman parte también de los asuntos que el sector considera prioritarios.
Pese a los desafíos, Benedetto identificó oportunidades en la transformación tecnológica y energética. Explicó que la transición hacia vehículos eléctricos, el desarrollo de baterías y la extracción y purificación de minerales como litio, cobre y tierras raras requieren procesos químicos.
De acuerdo con su exposición, el componente de insumos químicos en un automóvil eléctrico es considerable
mente mayor que en uno de combustión, debido a elementos como baterías y sistemas de refrigeración.
La misma relación existe con las tecnologías asociadas a las energías renovables. El directivo destacó el uso de resinas y otros productos químicos en paneles solares, aerogeneradores y turbinas marinas. Su planteamiento central fue que la inteligencia artificial, la transición energética y las tecnologías renovables requieren una industria química detrás para producir materiales, componentes y procesos.
Además, la inteligencia artificial ya comienza a transformar las propias plantas químicas, particularmente en tareas de mantenimiento, monitoreo y medición. Tecnologías como los drones permiten inspeccionar tanques y equipos sin necesidad de vaciarlos o detener completamente determinados procesos, mientras que otros sistemas permiten supervisar operaciones a distancia.
Así, el reto para México no es solamente producir más química, sino generar las condiciones energéticas, regulatorias y de infraestructura necesarias para que una industria estratégica pueda aprovechar el crecimiento de nuevas tecnologías.
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