PRENSA IBERO
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22 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

En medio del impulso global hacia economías cada vez más digitalizadas, México enfrenta una tensión de fondo: ¿puede hablarse de progreso cuando millones de personas quedan fuera del sistema? Para la Dra. Alejandra Villegas, especialista del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, la respuesta exige matices urgentes.
En entrevista con Prensa IBERO, realizada a propósito de su artículo “Actualización del software de la desigualdad. La era de la globalización digital”, publicado en la más reciente edición de la Revista IBERO, la especialista advierte que equiparar globalización digital con desarrollo es una narrativa incompleta que ignora las profundas desigualdades del país.
“Se trata de una visión demasiado optimista que deja fuera del análisis a amplios sectores de la población que no tienen las condiciones para acceder a estos beneficios”, explicó.
El problema no es la digitalización en sí, sino las condiciones en las que ocurre. México sigue siendo un país marcado por brechas territoriales, económicas y sociales que determinan quién puede —y quién no— participar en esta nueva economía.
En regiones rurales o con baja conectividad, el acceso a internet de calidad sigue siendo limitado. A ello se suman barreras económicas: no todas las personas pueden costear dispositivos, planes de datos o infraestructura tecnológica. Incluso en zonas urbanas como la Ciudad de México, estas desigualdades persisten, aunque de forma menos visible.
Pero hay otros factores igual de relevantes. La Dra. Villegas subraya que el acceso a la digitalización también requiere tiempo, una variable profundamente desigual en el país: “Para aprovechar estas herramientas hay que aprender a usarlas, mantenerse en línea, adaptarse constantemente. Y eso es una desventaja clara para quienes enfrentan pobreza de tiempo, especialmente las mujeres, que asumen la mayor carga de cuidados”.
Uno de los frentes en el que esta tensión se vuelve más evidente es el de los pagos digitales. La creciente adopción de tarjetas, aplicaciones y transferencias electrónicas se presenta como un avance hacia la formalización y la eficiencia económica, sin embargo, también puede convertirse en un mecanismo de exclusión.
“Cuando se plantea que todos los pagos deben hacerse de forma digital, se está asumiendo que todas las personas están bancarizadas, y eso no corresponde con la realidad del país”, advirtió la académica.
Aunque México ha avanzado en inclusión financiera en los últimos años, millones de personas aún no tienen acceso a cuentas bancarias o desconfían del sistema financiero. En ese contexto, imponer esquemas de pago digitales puede cerrar puertas en lugar de abrirlas: desde consumidores que no pueden pagar, hasta pequeños negocios que no logran integrarse a estas dinámicas: “El riesgo es claro: se facilita la vida a quienes ya están dentro del sistema, pero se complica aún más para quienes han quedado históricamente fuera”.
La discusión adquiere una dimensión particular ante la cercanía del Mundial de futbol, un evento que colocará a México en el centro de la atención internacional y que, como suele ocurrir, impulsa procesos acelerados de modernización.
Para la Dra. Villegas, este tipo de eventos suelen detonar políticas orientadas a proyectar una imagen de modernidad, especialmente en sectores como el comercio y los servicios.
“Es una tendencia común: los países buscan mostrarse en su versión más moderna y accesible para los visitantes. En ese contexto, digitalizar pagos puede facilitar la experiencia de los turistas y generar ingresos para algunos negocios”, explicó.
No obstante, el problema radica en la temporalidad de estos beneficios frente a la permanencia de las desigualdades: “El Mundial dura unas semanas. Las brechas estructurales permanecen. Y en algunos casos, estas decisiones pueden incluso profundizarlas si no se diseñan con una visión de largo plazo”.
Lejos de rechazar la digitalización, la especialista plantea la necesidad de repensarla desde una perspectiva más integral que reconozca que ningún proceso tecnológico es neutral y que toda política pública debe considerar a quienes quedan fuera: “Antes de digitalizar completamente la economía, es necesario avanzar hacia una inclusión financiera casi universal; de lo contrario, las medidas terminan siendo excluyentes”.
También implica incorporar variables como género, territorio y condiciones socioeconómicas en el diseño de políticas, así como generar esquemas de transición que no penalicen a quienes aún no pueden adaptarse.
Desde la Universidad Iberoamericana, añadió la entrevistada, esta visión forma parte del enfoque formativo. La Economía se enseña no sólo como una disciplina técnica, sino como una herramienta para incidir en la realidad social: “la IBERO apuesta por una mirada humanista, que no busca maximizar beneficios a costa de los más vulnerables, sino generar condiciones de inclusión para todas y todos”.
Para la Dra. Villegas, el reto no está en frenar la globalización digital, sino en complejizar la conversación, reconocer que el progreso no es automático, que tiene costos, y que puede generar exclusión si no se gobierna adecuadamente.
“Ningún proceso tiene sólo ganadores. Siempre hay grupos que quedan fuera, y el reto es identificar quiénes son y cómo integrarlos”, concluyó.
En ese sentido, invitó a la comunidad a profundizar en este debate a través de la más reciente edición de la Revista IBERO, dedicada a analizar las múltiples dimensiones de la globalización digital: “invito a todas y todos a leer la revista y, en particular, mi artículo, en el que abordo cómo factores como el territorio y el género influyen en quiénes pueden beneficiarse de estos procesos”.
Por: Jorge Luis Cortés
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