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PRENSA IBERO
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• El Dr. Luis Medina Gual advirtió que las habilidades profesionales cambian con mayor velocidad que los planes de estudio • El Director de Innovación Educativa de la IBERO propuso avanzar hacia currículos flexibles, modulares y vinculados con experiencias laborales • Pensamiento crítico, fundamentos disciplinares y ética serán indispensables para aprovechar las nuevas tecnologías
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Estudiante de la Maestría en Cine
El avance de la inteligencia artificial está transformando con tal rapidez las profesiones que aprender una serie de conocimientos durante la universidad ya no será suficiente para desarrollar toda una trayectoria laboral. Las personas necesitarán aprender, desaprender y volver a aprender durante toda la vida, afirmó el Dr. Luis Medina Gual, Director de Innovación Educativa en la Universidad Iberoamericana.
Durante su participación en EQUAA 2026, el académico advirtió que las universidades enfrentan el desafío de preparar a sus estudiantes para un futuro que cambia mientras todavía se intenta comprenderlo.
Las competencias consideradas indispensables hoy pueden modificarse en cuestión de semanas, mientras que las instituciones de educación superior deben cumplir procesos regulatorios y administrativos más prolongados para actualizar sus programas.
“Lo que nosotros pensamos hoy que es el tipo de formación que requieren los estudiantes cambia cada dos o tres días”, señaló Medina Gual.
Para responder a este escenario, propuso articular la formación universitaria alrededor de tres elementos: el desarrollo del potencial de las personas, la capacidad para desenvolverse en medio de la incertidumbre y un componente ético insustituible.
Medina Gual explicó que incluso las habilidades vinculadas directamente con la inteligencia artificial evolucionan rápidamente. Actividades que hace poco parecían centrales pueden ser automatizadas, mientras surgen otras capacidades más complejas, como proporcionar contexto, evaluar resultados y tomar decisiones ante las respuestas generadas por estas herramientas.
Esta transformación también dificulta anticipar cómo cambiarán profesiones como el Derecho, la Ingeniería, la Administración o la Medicina.
“¿Cómo vamos a saber cuáles son esas profesiones? ¿Qué significa ser una abogada en dos meses o en tres meses? Es muy complicado”, planteó.
El académico compartió resultados de un estudio realizado por la IBERO y el ITESO, inspirado en la metodología Tuning, para identificar las capacidades que deberían desarrollar las y los nuevos profesionistas frente a la inteligencia artificial.
Entre los elementos más relevantes aparecieron el pensamiento crítico y el uso ético de la tecnología. Sin embargo, el análisis también encontró diferencias entre las necesidades de cada profesión y una falta de consenso tanto entre integrantes de la academia como entre representantes del sector empleador.
Ante esta incertidumbre, Medina consideró necesario formar personas capaces de reconocer su potencial, revisar lo aprendido y adquirir nuevas herramientas conforme se transforme su campo profesional.
El Director de Innovación Educativa de la IBERO propuso transitar hacia un “currículum líquido”: un modelo menos rígido que permita construir recorridos personalizados, combinar módulos formativos y mantener una relación continua entre la universidad, el trabajo y los problemas de la sociedad.
En lugar de concebir la licenciatura como un trayecto lineal en el que una persona ingresa al primer semestre y egresa varios años después, este modelo permitiría entrar, salir y regresar a la Universidad, además de reconocer aprendizajes obtenidos en empresas, organizaciones y otros espacios.
Medina Gual comparó estas trayectorias con una red de transporte: cada estudiante podría incorporarse desde diferentes puntos, cambiar de ruta y validar las experiencias acumuladas hasta completar determinada formación.
Las microcredenciales, certificaciones y distintivos digitales comienzan a ofrecer estas posibilidades. No obstante, advirtió que todavía hacen falta estándares compartidos para determinar su calidad y garantizar que verdaderamente representen conocimientos y capacidades verificables.
Aunque la comunicación, el trabajo colaborativo, la adaptación y la toma de decisiones tendrán un peso creciente, Medina Gual subrayó que las llamadas habilidades blandas no pueden sustituir los conocimientos fundamentales de cada disciplina.
“Sin conocimiento básico, indispensable y fundante de nuestras disciplinas, no podemos hacer nada con esta tecnología”.
Para el académico, la educación también necesita conservar aquellos procesos pausados en los que el alumnado practica, comprende procedimientos y construye bases sólidas antes de utilizar la tecnología para potenciar su trabajo.
Por ello, el currículum del futuro tendría que combinar aprendizaje situado, habilidades humanas y dominio disciplinar, con la ética y el compromiso social como ejes de toda la formación universitaria.
Durante el panel, otros especialistas coincidieron en que las instituciones educativas no pueden limitarse a responder a las transformaciones tecnológicas después de que ocurren.
El académico brasileño Neyra de Freitas señaló que la academia todavía acompaña el proceso en lugar de liderarlo. Por ello, llamó a conocer con mayor profundidad el uso profesional y educativo de la inteligencia artificial para diseñar mejores programas y experiencias de aprendizaje, además de enseñar a utilizarla con conciencia.
Otros participantes destacaron la importancia del trabajo en equipo, la convivencia presencial y la comunicación humana ante una generación acostumbrada a resolver buena parte de sus interacciones mediante dispositivos y plataformas digitales.
También se planteó la necesidad de fortalecer la colaboración entre universidades y empresas. Medina Gual consideró que esta relación permanece desarticulada y que con frecuencia el sector privado se acerca a las instituciones educativas principalmente para reclutar talento, en lugar de establecer alianzas de investigación, innovación y actualización académica.
Frente a la velocidad del cambio tecnológico, Medina Gual insistió en que la principal responsabilidad de las instituciones educativas será mantener a la persona en el centro.
Esto implica analizar las consecuencias sociales del uso de la inteligencia artificial, evitar que las decisiones se deleguen completamente a sistemas automatizados y formar profesionistas capaces de preguntarse no sólo qué puede hacer la tecnología, sino para qué, para quién y con qué consecuencias debe utilizarse.
EQUAA 2026 abrió así una reflexión sobre el futuro de la educación superior: ante tecnologías que cambian constantemente, la universidad no puede limitarse a transmitir herramientas destinadas a quedar obsoletas, sino que debe enseñar a las personas a seguir aprendiendo sin renunciar al pensamiento crítico, la responsabilidad social y la ética.
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