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PRENSA IBERO
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• La IA puede apoyar la escritura, pero delegar en ella la generación de ideas y argumentos puede debilitar capacidades como la reflexión, la argumentación y la organización del pensamiento • Académicos de Letras de la IBERO llaman a no demonizar la tecnología, sino a enseñar a las y los estudiantes cuándo utilizarla, cómo transparentar su uso y, sobre todo, cuándo prescindir de ella
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Reportero de la IBERO

La llegada de los chatbots de inteligencia artificial (IA) a las aulas no representa el fin de la escritura, pero sí plantea una transformación profunda en que las y los jóvenes leen, escriben, organizan sus ideas y construyen una voz propia, señalaron los académicos del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana (IBERO) el Dr. Jesús Al-Dabi Olvera Castillo y la Dra. Laura Marta Guerrero Guadarrama.
En entrevista con Prensa IBERO, ambos especialistas advirtieron que el desafío no consiste en impedir que las nuevas generaciones utilicen herramientas como ChatGPT, sino en
Para el Dr. Olvera Castillo y la Dra. Guerrero Guadarrama, las y los estudiantes no llegan a la universidad sin conocimientos ni experiencia, ya que han desarrollado durante años capacidades de lectura, escritura y comprensión, por lo que las nuevas herramientas pueden incorporarse a ese proceso, pero no sustituirlo.
El problema, señalaron, aparece cuando el chatbot deja de ser un apoyo y comienza a realizar el trabajo intelectual que corresponde al estudiante.
La escritura, explicaron, no es solo un mecanismo para comunicar algo que ya pensamos. Permite ordenar, relacionar y desarrollar aquello que todavía estamos pensando. Por ello, cuando una persona pide a una herramienta de IA que genere argumentos, existe el riesgo de que deje de realizar parte de ese proceso.
Cada cambio técnico transforma las formas en que las personas producen y transmiten conocimiento, planteó Al-Dabi. La aparición de la escritura manual, la imprenta, las computadoras y ahora la IA han modificado las prácticas culturales. Por ello, consideró equivocado plantear la IA como una especie de “apocalipsis de la escritura”.
Indicó que otro reto está en aprovechar sus posibilidades sin perder las capacidades que permiten pensar de manera autónoma.
La IA puede facilitar búsquedas, apoyar procesos de investigación, ayudar a organizar información e incluso contribuir a mejorar un texto. También, puede producir el efecto contrario si la persona usuaria deja de involucrarse en la construcción de sus ideas.
Entre las capacidades que podrían verse afectadas por un uso poco reflexivo están la argumentación, la organización de las ideas y la capacidad de investigación.
Por ello, la Dra. Guerrero Guadarrama planteó sobre la importancia de fortalecer en la universidad diferentes formas de lectura, escritura, comprensión y representación del conocimiento.
Un ejemplo es la elaboración de mapas conceptuales. Detalló que esta actividad obliga a sintetizar, establecer relaciones y organizar mentalmente los contenidos. La dimensión visual puede convertirse en otra vía para comprender un fenómeno y desarrollar una aproximación más crítica.
La intención de usarlos, explicó, es que las y los estudiantes tengan “más puertas” para acercarse al conocimiento y no dependan de una sola forma de procesarlo.
Uno de los problemas que plantea la escritura asistida por IA es la posible homogeneización de los textos. Si un estudiante entrega al chatbot la responsabilidad de hallar las palabras, construir los argumentos y organizar el texto, puede terminar presentando un escrito correcto y pulido, pero menos vinculado con su propia experiencia y forma de pensar.
Para los académicos, el reto es conocer qué hizo la persona durante el proceso de escritura y mantener una posición crítica, pues no se trata de asumir una postura tecnológica, ni de rechazo absoluto. La herramienta dijo, puede utilizarse, pero el estudiante debe conservar el control sobre su proceso creativo e intelectual.
Enfatizaron que la diferencia está entre utilizar la IA como apoyo y convertirla en sustituto.
Una de las propuestas que sugirieron es modificar las formas tradicionales de evaluación. En lugar de concentrarse únicamente en el producto final, profesores y estudiantes pueden hacer visible el proceso mediante el cual se construyó un trabajo.
Explicaron que esto implica explicar qué herramientas se utilizaron, para qué se emplearon, cuáles fueron los prompts utilizados y qué decisiones tomó finalmente el estudiante.
Incluso, plantearon ejercicios en los que el alumnado pueda desarrollar primero una parte del trabajo de manera manual y posteriormente contrastarla con una respuesta generada por IA.
Señaló que el objetivo no sería demostrar que la máquina es mejor o peor, sino hacer visible la diferencia entre ambas formas de producir conocimiento, es decir, la transparencia se vuelve fundamental para comprender qué hizo la persona y qué hizo la herramienta.
Frente a la expansión de los chatbots, consideraron que la respuesta universitaria no debe ser únicamente tecnológica. La literatura, la filosofía, la historia, el arte, la lectura y la escritura siguen siendo necesarias para formar personas capaces de reflexionar sobre aquello que hacen con la tecnología.
La inteligencia artificial, sostuvieron, no debería convertirse en sustituto de la imaginación ni de la reflexión. Su potencial está en convertirse en una herramienta que permita ampliar las capacidades humanas.
Por ello, reflexionaron que una de las preguntas fundamentales para la educación superior es en qué momentos conviene utilizar IA y en cuáles es más importante trabajar sin ella.
El objetivo, abundaron, no es regresar al pasado ni rechazar los avances tecnológicos, sino conseguir que las y los jóvenes tengan suficiente dominio de sus propias capacidades para decidir cuándo recurrir a estas herramientas.
En última instancia, señalaron, no es solo aprender a utilizar IA, sino aprender a usarla sin dejar que piense, escriba o decida por nosotros.
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