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PRENSA IBERO
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• La fantasía no evade la realidad: permite observar desde otra perspectiva problemas como la discriminación, la guerra y la violencia, recuerda el Mtro. Alejandro Vergil Salgado del Departamento de Letras • El formato televisivo podrá profundizar en los conflictos políticos, sociales y emocionales presentes en los libros, pero juzgar una adaptación únicamente por su fidelidad a la obra original es un error, señala
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

La magia de Harry Potter está a punto de convocar a una nueva generación. Tras la presentación del primer avance de la serie original de HBO, que llegará a HBO Max en Navidad, el público volvió a Hogwarts, pero también a las discusiones sobre los cambios en el elenco, los escenarios y la apariencia de personajes que parecían tener un rostro definitivo desde hace más de dos décadas. Sin embargo, detrás de la nostalgia y las comparaciones con las películas protagonizadas por Daniel Radcliffe,
Así lo explicó el Mtro. Alejandro Vergil Salgado, profesor del Departamento de Letras de la Universidad Iberoamericana, quien señaló que la fantasía, lejos de representar una simple evasión, puede ayudarnos a interpretar los conflictos de nuestro tiempo desde otras perspectivas.
“Lo que produce la fantasía es la posibilidad de interpretar nuestros problemas y nuestra realidad desde otra mirada”, afirmó el académico, cuya línea de investigación comprende la literatura infantil y juvenil, la fantasía, la ciencia ficción y la reelaboración de los mitos.
A lo largo de los siete libros, el mundo mágico se transforma progresivamente. Lo que comienza como el descubrimiento de un universo extraordinario se convierte en una historia sobre el ascenso de un régimen autoritario, la persecución de determinados grupos y la imposición de una supuesta pureza de sangre.
Personajes como Hermione Granger son discriminados por su origen familiar, mientras que magos, brujas y criaturas consideradas inferiores enfrentan prejuicios y distintas formas de violencia. Al mismo tiempo, las instituciones encargadas de proteger a la comunidad niegan amenazas, manipulan información y persiguen a quienes contradicen el discurso oficial.
Para Vergil Salgado, estos conflictos permiten relacionar la saga con temas como la guerra, la exclusión, la búsqueda de identidad y el acoso escolar. No significa que los libros representen de manera directa un acontecimiento contemporáneo específico, sino que proporcionan herramientas simbólicas para formular preguntas sobre la realidad.
La fantasía posee una larga tradición de diálogo con su contexto. Autores como J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis construyeron mundos imaginarios alimentados por los mitos, la filología, las guerras y las inquietudes de sus respectivas épocas. La obra de J. K. Rowling también recupera elementos de bestiarios medievales, la herbolaria, las leyendas y la tradición fantástica anglosajona.
Harry Potter es también, explicó el profesor IBERO, una novela de formación: el público acompaña al protagonista desde la infancia hasta su incorporación al mundo adulto. Conforme Harry crece, la historia se vuelve más oscura y las amenazas que lo rodean adquieren mayor complejidad.
En ese proceso aparecen el duelo, la pérdida, la muerte y el miedo, pero también la amistad, el amor y la posibilidad de construir una familia más allá de los vínculos sanguíneos. Harry es un niño huérfano que encuentra en otras personas las redes afectivas necesarias para enfrentar un entorno cada vez más violento.
La serie tendrá la oportunidad de mostrar nuevamente ese crecimiento, ahora ante niñas, niños y jóvenes que no vivieron el lanzamiento de los libros ni el estreno de las primeras películas. Para ellos, Hogwarts podrá adquirir rostros, significados y sensibilidades diferentes.
Por eso, indicó Vergil Salgado, la producción no debe entenderse como una copia de las películas anteriores, sino como una reinterpretación. El formato televisivo permitirá desarrollar con mayor detenimiento personajes, relaciones y conflictos que tuvieron que ser condensados en el cine.
“Evaluar o juzgar una adaptación por su fidelidad al texto base es caer en un error”, sostuvo. Cada medio posee su propio lenguaje y el equipo creativo tiene la responsabilidad de apropiarse de las obras anteriores para construir una propuesta nueva.
Las modificaciones ya han provocado reacciones entre quienes crecieron con la saga. Para esta generación, volver a Harry Potter significa regresar a una parte de su infancia; por ello, encontrar otros rostros, vestuarios o escenarios puede confrontar recuerdos profundamente arraigados.
Pero las historias que sobreviven al paso del tiempo lo hacen precisamente porque pueden transformarse. Personajes como Drácula, Hamlet, Don Quijote o Robinson Crusoe han sido reinterpretados numerosas veces y en distintos lenguajes artísticos.
La nueva serie podría demostrar si Harry Potter posee esa misma capacidad: dejar de ser únicamente un fenómeno editorial y cinematográfico de finales de los años noventa y principios de este siglo para convertirse en una historia que cada generación pueda volver a interrogar.
La llegada de la producción también puede impulsar a nuevos públicos a acercarse a los libros. Vergil Salgado recordó que, aunque con frecuencia se menosprecia a los best sellers o a la literatura dirigida a las infancias y juventudes, la saga contribuyó a formar hábitos lectores y despertó la sensibilidad artística de millones de personas. En su propio caso, fue una de las obras que influyeron en su decisión de estudiar literatura.
Analizar críticamente fenómenos culturales como Harry Potter forma parte de las posibilidades que ofrecen los estudios literarios. El Departamento de Letras de la IBERO desarrolla esta mirada mediante la Licenciatura en Literatura Latinoamericana, la Maestría en Escrituras Crítico-Creativas, el Doctorado en Letras Modernas y la Especialidad en Estudios Críticos de la Cultura.
Desde estos programas es posible estudiar no sólo las obras consideradas canónicas, sino también la literatura infantil y juvenil, la fantasía, la ciencia ficción y las narrativas que atraviesan el cine, la televisión y otros medios. Porque regresar a Hogwarts no implica solamente recordar la infancia: también puede ayudarnos a observar, desde la imaginación, las tensiones que siguen definiendo nuestro presente.
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