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• En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, José Ángel Gutiérrez Piña, psicoterapeuta de la CBU, explica cómo la preocupación por el futuro del planeta puede generar ansiedad, tristeza e incertidumbre, pero también motivar a las juventudes a organizarse y buscar soluciones
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿Las nuevas generaciones son demasiado sensibles o están enfrentando preocupaciones que antes no existían con la misma intensidad? Mientras el cambio climático amenaza con transformar las condiciones de vida en el planeta, las juventudes enfrentan una creciente incertidumbre sobre el mundo que heredarán, una preocupación que puede repercutir en su salud mental, pero también convertirse en un impulso para participar en la transformación de su entorno.
En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, que se conmemora el 24 de octubre
El especialista señaló que fenómenos como las inundaciones, los incendios, las altas temperaturas y la escasez de agua pueden generar estrés, miedo, tristeza e irritabilidad. Sin embargo, también existe una afectación menos visible: la incertidumbre de no saber cómo será el mundo en el que las personas jóvenes desarrollarán sus proyectos de vida.
"Tenemos por un lado afectaciones directas, como el estrés, el trauma que puede experimentar alguna persona después de alguna inundación, algún incendio [...] Y también por otro lado tenemos la incertidumbre de vivir constantemente sabiendo que nuestro entorno está cambiando y que en cualquier momento esto puede afectar nuestro futuro", explicó.
Aunque la preocupación ambiental puede generar sentimientos de impotencia e incluso culpa por contribuir involuntariamente a la contaminación, Gutiérrez Piña destacó que estas emociones también pueden motivar la búsqueda de alternativas.
Frente a la idea de que las nuevas generaciones están desinteresadas en los problemas sociales, el psicoterapeuta consideró que el acceso a la información permite a las juventudes conocer los desafíos que enfrenta el planeta, identificar soluciones y buscar maneras de participar en su transformación.
"Creo que también los jóvenes ven la forma en la cual alzar la voz o ver la manera de mejorar ese futuro que se les avecina", expresó.
En ese sentido, las preocupaciones ambientales no necesariamente conducen a la resignación. También pueden formar parte de los motivos que llevan a algunos jóvenes a informarse, involucrarse en causas colectivas y exigir mejores condiciones para su futuro.
No obstante, el especialista aclaró que esta inquietud no se limita al medio ambiente. Las nuevas generaciones también enfrentan condiciones económicas y sociales distintas a las de sus padres, en las que alcanzar objetivos como adquirir una vivienda o formar una familia puede resultar cada vez más complicado.
Gutiérrez Piña introdujo el concepto de solastalgia, entendido como el malestar emocional que experimenta una persona cuando el entorno en el que vive comienza a deteriorarse o transformarse negativamente.
A diferencia de la nostalgia por un lugar que se ha dejado atrás, la solastalgia puede aparecer mientras una persona continúa habitando un espacio que ya no reconoce como antes.
Las altas temperaturas, las modificaciones del paisaje o la preocupación por la disponibilidad de agua pueden despertar emociones relacionadas con la pérdida, la incertidumbre y la falta de control.
El especialista explicó que el calor extremo también puede afectar el descanso, incrementar el cansancio y dificultar procesos como la concentración y la toma de decisiones.
Estas afectaciones, además, no se distribuyen de manera uniforme. Las comunidades con menos recursos, las personas que dependen de la agricultura y quienes habitan zonas de riesgo pueden enfrentar mayores dificultades para recuperarse de los efectos de los fenómenos climáticos.
Para Gutiérrez Piña, una de las claves para comprender las inquietudes de las juventudes es evitar minimizar o ridiculizar sus emociones.
El psicoterapeuta consideró que las diferencias generacionales no significan que una forma de pensar sea necesariamente mejor que otra, sino que cada generación se desarrolla en condiciones particulares.
Por ello, invitó a construir espacios de diálogo en los que las experiencias de las personas mayores puedan complementarse con las nuevas maneras de informarse, expresarse y actuar de las juventudes.
Validar las emociones, reconocer sus detonantes y escuchar las preocupaciones de las personas jóvenes son pasos importantes para enfrentar la incertidumbre que acompaña a la crisis ambiental.
Así, más que reducir la sensibilidad de las juventudes a la etiqueta de generación de cristal, el especialista propone reconocer que sus inquietudes responden a transformaciones reales del mundo que habitan y que, en algunos casos, pueden convertirse en una motivación para actuar.
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