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PRENSA IBERO
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• Víctor Nolasco, Subgerente en Grupo Xcaret; Rosa Abascal, Presidenta en AliaRSE, y Teresa Gutiérrez, Head of Retail & CPG + LATAM en Growth Protocol hablan sobre cómo la IA está modificando competencias en las profesiones • Señalan que el reto entre universidades y empresas es pasar de convenios aislados a agendas de largo plazo • Apuntan que la formación universitaria enfrenta la exigencia de preparar jóvenes capaces de combinar pensamiento crítico, ética, propósito y tecnología
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La relación entre universidades y empresas necesita dejar atrás los vínculos meramente institucionales y convertirse en una alianza capaz de responder a problemas reales de las comunidades. Esa fue una de las principales conclusiones del panel “Impacto social desde la mirada empresarial: necesidades y prioridades”, realizado en la

Víctor Nolasco, Subgerente de comunidades sostenibles, Grupo Xcaret; Rosa Abascal, Presidenta AliaRSE, y Teresa Gutiérrez Smith, Head of Retail & CPG + LATAM, Growth y egresada de la Licenciatura en Ingeniería Química de la IBERO CDMX.
El encuentro reunió a representantes de la academia y del sector empresarial para discutir qué deben hacer diferente las instituciones de educación superior si quieren que su relación con las empresas produzca verdadero impacto social. La conversación puso sobre la mesa una coincidencia: la responsabilidad social no puede funcionar como una actividad paralela ni como un requisito de cumplimiento.
Rosa Marta Abascal, presidenta de AliaRSE, advirtió que todavía existe la percepción de que la responsabilidad social empresarial representa una carga para las compañías, cuando puede generar valor y rentabilidad. En ese sentido, planteó que las universidades tienen un papel central para acercar formación en responsabilidad social a líderes, mandos intermedios y colaboradores.
Para Abascal, la colaboración debe comenzar con un diagnóstico, continuar con el codiseño de soluciones y culminar con la medición de resultados. La universidad, sostuvo, puede convertirse en un aliado natural de las empresas para desarrollar capacidades y llevar estos principios a los planes de estudio.
Entre las competencias que deben fortalecerse mencionó la dignidad y la ética aplicada, el pensamiento sistémico, el juicio crítico, el trabajo en equipo y la corresponsabilidad. El objetivo es que la responsabilidad social atraviese la formación profesional y no se convierta simplemente en un “checklist” de cumplimiento.
Desde la perspectiva de Grupo Xcaret, Víctor Nolasco destacó que las empresas también deben asumir un papel activo y reconocer que no siempre tienen todas las respuestas sobre el impacto que generan en los territorios donde operan.
Nolasco propuso pasar de colaboraciones puntuales a agendas de mediano y largo plazo, utilizar los problemas reales de las empresas como espacios de investigación aplicada y fortalecer las prácticas profesionales como plataformas de aprendizaje e impacto social.
Teresa Gutiérrez llevó la discusión hacia otro desafío: la transformación tecnológica y la inteligencia artificial están modificando las competencias que necesitarán los profesionales. Ante un entorno de cambios acelerados, señaló que no basta con dominar herramientas tecnológicas; los jóvenes necesitan pensamiento crítico, capacidad estratégica, valores y criterios éticos para tomar decisiones.
El propósito personal apareció como otro elemento clave. La discusión planteó que las universidades pueden ayudar a los estudiantes a identificar aquello que da sentido a su trayectoria y conectar ese propósito con las necesidades de las organizaciones y de la sociedad.
El panel cuestionó una educación excesivamente enfocada en la memoria y en la incorporación de tecnología, en detrimento de materias y competencias relacionadas con ética, civismo, lógica y pensamiento crítico. La exigencia empresarial, plantearon los participantes, es formar personas capaces no solo de desempeñar una profesión, sino de comprender el impacto de sus decisiones.
La vinculación entre universidad y empresa debe dejar de medirse por el número de convenios firmados y comenzar a evaluarse por las preguntas que ambas partes son capaces de resolver juntas, los aprendizajes generados y las transformaciones producidas en personas y comunidades.
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