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PRENSA IBERO
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• Solo 42% de las personas egresadas en dos estados con mayor presencia de este modelo consiguió algún empleo entre cuatro y seis meses después de graduarse; apenas 28% con seguridad social • Solo 13% fue contratado por la empresa donde se formó, y de ellos, únicamente 34% tuvo seguridad social • Ser mujer reduce 10.7 puntos la probabilidad de obtener un empleo formal; recibir capacitación adicional, como cursos de idiomas, la eleva 23.9 puntos
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Reportero de la IBERO

La formación dual, modelo que combina el bachillerato técnico con aprendizaje dentro de una empresa y que se promueve como vía rápida al primer empleo, no garantiza un trabajo formal.
Así lo muestra un estudio de la Dra. Jimena Hernández-Fernández, investigadora de la Universidad Iberoamericana (IBERO) en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo de la Educación (Centro INIDE), y Erick Marsán, de TalentumMX, publicado en el International Journal for Research in Vocational Education and Training
La investigación encuestó a 307 personas egresadas del Sistema de Educación Dual (SED) en Coahuila y el Estado de México, entidades que en 2019 concentraban 60% de la matrícula del modelo. La medición se hizo entre cuatro y seis meses después de su graduación, en 2021.
La Dra. Hernández-Fernández apunta a que, si la formación dual no conduce de manera consistente a conseguir un empleo formal, su efectividad queda en entredicho.
La formación dual se adaptó del modelo alemán a partir de una colaboración entre el CONALEP del Estado de México y Mercedes-Benz en los años noventa, y la SEP la reconoció como opción educativa en 2015. Aunque su matrícula creció cerca de 60% en años recientes, solo representa 2% de los más de cuatro millones de estudiantes de media superior.
A diferencia de Alemania, en México no existen mecanismos que definan las obligaciones de las empresas —como pagar a los aprendices— y las escuelas operan el modelo sin recursos adicionales.
Solo 13% de las personas egresadas fue contratado por la empresa donde realizó su formación. De ese grupo, apenas 34% tenía seguridad social, lo que, advierten ambos autores, expone a los jóvenes “a la vulnerabilidad económica al limitar su acceso a la salud y a pensiones”.
Del total de personas egresadas con empleo, 63% son hombres y 37% mujeres. En el empleo con seguridad social la distancia crece: 71% hombres y 29% mujeres.
El modelo estadístico confirma que ser mujer reduce 10.7 puntos porcentuales la probabilidad de obtener un empleo formal. En el Estado de México la penalización llega a 12.8 puntos. El estudio advierte que la formación dual corre el riesgo de “reforzar las desigualdades existentes en el mercado laboral en lugar de atenderlas”.
El factor con mayor peso es la capacitación adicional, principalmente cursos de idiomas: eleva 29.2 puntos la probabilidad de conseguir empleo y 23.9 la de un empleo con seguridad social. En Coahuila, el efecto sobre el empleo llega a 41.4 puntos.
La duración también cuenta. Cada mes adicional de formación en la empresa aumenta alrededor de 1.2 puntos la probabilidad de empleo y 1.1 la de ser contratado por esa misma empresa.
En cambio, recibir una beca de la empresa o una certificación no tuvo efecto significativo en ningún escenario.
En Coahuila, con una economía más industrializada, 50% de las personas egresadas consiguió empleo y 44% con seguridad social; en el Estado de México, 40% y 23%, respectivamente.
Quienes estudiaron Electricidad y Electrónica tienen 23 puntos más de probabilidad de emplearse que los de carreras de servicios; los de Tecnología y Transporte, 15.6 puntos menos de lograr un empleo formal.
Los resultados llegan cuando la informalidad laboral alcanzó 55% de la población ocupada en agosto de 2026 —33.4 millones de personas— y las y los jóvenes de 15 a 24 años representan 33.4% de los desocupados del país (629 mil personas), según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI.
La investigadora de la IBERO recomienda ampliar el acceso a capacitación adicional, extender la duración de la formación en empresa, hacer de la equidad de género un objetivo central y alinear las carreras con la demanda de cada región.
El estudio reconoce limitaciones: no compara a las personas egresadas con jóvenes que no cursaron el modelo y los datos se levantaron durante la pandemia de COVID-19, lo que pudo reducir especialmente el empleo formal.
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