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PRENSA IBERO
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• Cuatro estudiantes de Relaciones Internacionales fueron seleccionados para participar del 4 al 20 de julio en la Summer School on China’s Governance and Development 2026 • El programa, completamente financiado, combinó clases, investigación y trabajo de campo sobre política china, gobernanza, desarrollo urbano y políticas públicas • Al regresar, una de las participantes considera que haber estudiado en China fortaleció su perfil para obtener su primera oferta laboral de tiempo completo
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

Fernanda regresó de China con algo más que fotografías y recuerdos. La experiencia académica que acababa de sumar a su currículum se convirtió también, considera, en una ventaja cuando buscó su primer empleo de tiempo completo.
Durante una entrevista con Prensa IBERO, la estudiante explicó que su paso por China fortaleció su perfil en un mercado donde las relaciones con empresas de ese país tienen cada vez mayor peso, particularmente en ámbitos como comercio exterior, importaciones y exportaciones.
“Yo creo que no hubiera sido tan fácil si no hubiera tenido esa experiencia en un currículum”
Su caso muestra uno de los efectos más concretos del verano que vivieron Fernanda Abdeljalek Miller, Montserrat Martínez Zamudio, Luis Santiago Orgaz Aburto y Rodrigo Ávila Sierra, estudiantes de Relaciones Internacionales de la IBERO seleccionados para participar en la Summer School on China’s Governance and Development 2026, realizada del 4 al 20 de julio en Beijing.
El programa, organizado por Integrated Research on Disaster Risk (IRDR), en cooperación con Beijing Normal University (BNU), estaba dirigido a estudiantes internacionales, alumnado de posgrado, personas recién egresadas y jóvenes investigadores con interés en estudios sobre China.
Además, fue completamente financiado: cubrió colegiatura, alojamiento y alimentos.
La IBERO tenía originalmente un lugar asignado, pero finalmente fueron seleccionados cuatro de sus postulantes.
Para la Mtra. Priscila Magaña Huerta, del Departamento de Estudios Internacionales, el resultado habla del perfil competitivo de las y los estudiantes IBERO: los cuatro tenían intereses académicos y profesionales vinculados con China, dominio del inglés y líneas de investigación desarrolladas durante la Licenciatura.

El programa combinó formación académica, investigación y trabajo de campo.
El currículo abordó política china, políticas públicas, gobernanza global, Objetivos de Desarrollo Sostenible, la Iniciativa de la Franja y la Ruta y métodos de investigación.
Fuera del aula, las y los participantes realizaron entrevistas y visitas relacionadas con gobernanza comunitaria urbana y rural, servicios públicos, planeación urbana y el desarrollo de Tongzhou, subcentro de Beijing.
Además, cada participante desarrolló un proyecto de investigación en colaboración con estudiantes de otros países.
El aprendizaje comenzó cuando China dejó de ser un concepto estudiado desde México y se convirtió en territorio.
Por las mañanas tenían clases; por las tardes recorrían comunidades, servicios públicos, infraestructura urbana y espacios de gestión local.

“A mí la infraestructura me voló la cabeza, pero más que nada toda la ingeniería ambiental que tienen”, contó Fernanda.
La experiencia reforzó su interés por la planeación urbana y la gobernanza hídrica, y abrió la posibilidad de continuar con un posgrado relacionado con urbanismo o ingeniería ambiental.
Rodrigo encontró otra ruta.
Le “llamó mucho la atención poder trabajar en patrimonio”.
Las visitas a museos y espacios históricos le permitieron observar cómo Beijing combina desarrollo urbano acelerado con conservación patrimonial, un campo que ahora aparece como posible especialización profesional.

Uno de los aspectos más valorados por las y los estudiantes fue acceder a lugares y dinámicas que difícilmente formarían parte de un viaje turístico.
Visitaron comunidades, sistemas de atención ciudadana, servicios de salud y espacios donde se administra tecnología urbana.
“No es lo mismo llegar a China y vivirlo como turista a que te abra las puertas una comunidad y entender cómo se gestionan ellos”, explicó Montserrat.
Para Magaña Huerta, esa experiencia permitió al estudiantado “bajar a la realidad una práctica intelectual”: vivir directamente el país enriqueció conocimientos y percepciones y abrió caminos propios para continuar su relación académica o profesional con China.
El contacto directo también les permitió poner a prueba ideas previas sobre el país.
Los jóvenes hablaron de políticas estrictas, control y propaganda, pero también de una realidad más compleja que la representación reducida de China únicamente como un Estado autoritario. Observaron formas de organización local, participación comunitaria y dinámicas cotidianas que no habían alcanzado a dimensionar desde el aula.

El choque cultural apareció también en lo cotidiano.
Las y los estudiantes recuerdan recorrer Beijing en bicicleta de madrugada y sentirse seguros. Montserrat contó incluso que olvidó su pasaporte en un transporte y pudo recuperarlo después de que el conductor lo encontró.
Pero quizá uno de los aprendizajes más inmediatos fue descubrir hasta qué punto la vida diaria depende del teléfono móvil.
“No puedes hacer nada sin el teléfono”.
Pagos, movilidad y servicios dependen ampliamente de aplicaciones digitales. Cuando una plataforma fallaba, explicaron, resolver incluso una compra podía volverse complicado.
También descubrieron que el inglés tiene límites importantes en la vida diaria y académica en China. La experiencia hizo que aprender chino dejara de parecer una habilidad distante y comenzara a verse como una herramienta profesional.

La estancia también sirvió para poner a prueba su propia formación.
La convocatoria estaba abierta a estudiantes de licenciatura y posgrado, jóvenes investigadores y recién egresados. Los cuatro estudiantes IBERO convivieron y trabajaron con participantes de distintas nacionalidades y niveles educativos.
Aunque algunos tenían más experiencia académica o dominio del chino, aseguraron que no percibieron una brecha de conocimiento que les impidiera participar.
Para la Mtra. Érika Ruiz Sandoval, Coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y del Bachelor's Degree in International Relations, ése fue uno de los aprendizajes centrales.
“Se fueron a probar con otros estudiantes de otras nacionalidades, en otros niveles educativos, y sentir que su formación y lo que saben hacer era suficiente”, explicó.
Desde la perspectiva de Magaña Huerta, aprender directamente de académicos chinos también permitió a las y los jóvenes contrastar su formación con una perspectiva local y entender desde dentro cómo se analizan y enfrentan algunos de los grandes retos del país.
Analizar a China desde una mirada local y desde el Sur Global, señaló, será una herramienta cada vez más relevante para quienes ejercerán las Relaciones Internacionales en un contexto de reordenamiento mundial.

Al regresar, China ya no aparecía únicamente como una potencia que estudiar, sino como una posibilidad concreta de futuro.
Entre los cuatro surgieron intereses por urbanismo, gobernanza hídrica, patrimonio, comercio exterior, aprendizaje del chino y estudios de posgrado en Asia.
Ruiz Sandoval considera que ampliar ese horizonte será cada vez más importante.
“Definitivamente necesitamos abrir los horizontes”, sostuvo.
Y resumió por qué una experiencia académica de este tipo puede dejar una marca que ninguna lectura sustituye:
“Esto no me va a llegar por un documental de Netflix, esto no lo voy a poder ver en la pantalla. Lo tengo que vivir para saber esta gente cómo vive, cómo piensa”.
La experiencia también podría abrir una ruta de colaboración de más largo plazo. Magaña Huerta señaló que la Universidad Normal de Beijing buscó ampliar hacia México la participación en su programa de verano 2026 y consideró que ésta puede ser la primera de nuevas ediciones dirigidas a estudiantes interesados en China.
Para estos cuatro jóvenes, aquel verano en Beijing no sólo amplió sus conocimientos sobre el país. También convirtió en posibilidades concretas lo que antes eran apenas intereses: un posgrado, un idioma, una especialización o incluso un primer empleo.
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