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PRENSA IBERO
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• El Club de Drones IBERO obtuvo dos primeros lugares y un tercer lugar en la competencia celebrada en Puebla, lo que consolida una nueva generación en ingeniería aplicada • La experiencia confirmó que la formación práctica, el trabajo colaborativo y el enfoque humanista de la IBERO preparan a estudiantes capaces de desarrollar tecnología con impacto social
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La pasión por la innovación, la ingeniería y el vuelo de alta precisión llevó a estudiantes de la Universidad Iberoamericana (IBERO) a obtener destacados resultados en la Nocturne Drone Race, competencia de drones organizada por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) en la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería “Alejo Peralta” de Puebla.

Tres equipos integrados por estudiantes del Club de Drones IBERO participaron en esta competencia, que reunió a jóvenes entusiastas de la tecnología de aeronaves no tripuladas y las carreras de velocidad. Obtuvieron dos primeros lugares y un tercer lugar en distintas categorías, consolidando el trabajo formativo y técnico que se desarrolla dentro de nuestra universidad.

En la categoría Intermedio, el primer lugar fue para Harold Pérez García, estudiante de Ingeniería en Tecnologías de Cómputo y Telecomunicaciones, quien destacó por su habilidad para maniobrar el dron con precisión y rapidez a través del circuito nocturno diseñado para la competencia.

En la categoría Principiante, el primer lugar fue obtenido por Diego Escandón Vargas, estudiante de Ingeniería Mecatrónica y Sistemas Ciberfísicos, quien participó junto con su compañero Marco Antonio de Jesús Beltrán. Asimismo, el tercer lugar de esta categoría fue para Elliot Romero Calderón, también estudiante de Ingeniería Mecatrónica y Sistemas Ciberfísicos, acompañado por Lorenzo Esquivel de la Garma y Rodrigo Rodríguez Cortés.

“No sabíamos muy bien a qué nos enfrentábamos. El club había competido hace muchos años, pero para quienes integramos esta nueva generación era realmente nuestra primera experiencia. Practicábamos y sentíamos que teníamos un buen nivel, pero no sabíamos cómo estábamos frente a otras universidades”, contó Harold Pérez García en entrevista con Prensa IBERO.
Estos resultados reflejaron las horas de preparación que los integrantes del Club de Drones dedicaron al diseño, construcción, programación y pilotaje de aeronaves no tripuladas. La experiencia también les permitió poner en práctica conocimientos adquiridos en las aulas y fortalecer habilidades relacionadas con la electrónica, el control de sistemas, la manufactura y el trabajo en equipo.

A lo largo de un mes, el equipo entrenó semanalmente en la cancha de béisbol de la IBERO, espacio que la Coordinación de Deportes facilitó para realizar vuelos de práctica. Ahí perfeccionaron maniobras, ajustaron configuraciones y aprendieron que, en las carreras de drones, el mayor rival suele ser uno mismo.
Durante la competencia las y los estudiantes estuvieron acompañados por la Mtra. Maricarmen García, del Programa de Seguimiento y Desarrollo Profesional Docente del Departamento de Estudios en Ingeniería para la Innovación (DEII); el Dr. Mario Ramírez, investigador del Instituto de Investigación Aplicada y Tecnología (InIAT); y el Mtro. Guillermo Gómez Abascal, Académico del DEII.

El Club de Drones IBERO se ha consolidado como un espacio de desarrollo técnico y colaboración interdisciplinaria donde estudiantes de distintas carreras pueden aprender sobre aeronaves no tripuladas, participar en proyectos tecnológicos y competir en eventos nacionales e internacionales. Entre sus objetivos se encuentra complementar la formación profesional mediante experiencias prácticas que permitan a las y los estudiantes enfrentar retos reales de ingeniería e innovación.

Para Harold, una de las mayores sorpresas fue descubrir el potencial de la infraestructura de la IBERO. El Club cuenta con drones de competencia FPV, plataformas de ingeniería basadas en ArduPilot que permiten integrar sensores y desarrollar sistemas autónomos, así como equipos de largo alcance usados para investigación. La diversidad del equipo permite que aprendan desde conceptos básicos hasta configuraciones avanzadas de hardware y software.

"La tecnología no tiene por qué estar asociada solo con aplicaciones militares. Queremos enseñar que los drones pueden resolver problemas, generar conocimiento, apoyar proyectos sociales o científicos. Esa visión la aprendí aquí. Más que ganar la competencia, entendimos que tenemos el nivel para seguir creciendo. Todo el trabajo, las horas extra y la preparación realmente valieron la pena", apuntó.
Los logros obtenidos impulsan ahora nuevos proyectos para el Club de Drones IBERO. En 2027 celebrará su décimo aniversario con una jornada que se propone incluir talleres de armado de drones, ponencias con especialistas, demostraciones tecnológicas y una competencia abierta para compartir con la comunidad universitaria todo lo aprendido durante una década de trabajo.
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