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PRENSA IBERO
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• Samantha Báez fue una de cinco jóvenes seleccionados a nivel mundial en la delegación juvenil de la OIM y el Youth Caucus • Ante representantes internacionales pidió acabar con la participación juvenil meramente simbólica: “No estamos ahí para tomarnos la foto” • Las juventudes reclaman ser reconocidas no sólo como beneficiarias de políticas públicas, sino como agentes capaces de implementar soluciones y trabajar con comunidades • Tras la COP17 busca trasladar la experiencia a proyectos en México vinculados con movilidad humana, desertificación y participación política juvenil
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

“Las juventudes no estamos aquí para tomarnos una foto ni para ser parte de un performance diplomático”. Frente a representantes de gobiernos y organismos internacionales reunidos en Mongolia, Samantha Báez Torres llevó al micrófono una exigencia clara: las y los jóvenes no quieren ser espectadores de las decisiones que definirán el planeta que les tocará habitar.
A sus 23 años y mientras cursaba la etapa final de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Iberoamericana, Samantha fue seleccionada junto con otros cuatro jóvenes de distintas partes del mundo para formar parte de la delegación juvenil de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y del Youth Caucus ante la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD), celebrada en Ulaanbaatar, Mongolia. Fue la única representante de las Américas.
“Yo apliqué, lo intenté, no perdí nada y gané en el proceso”, recuerda. Meses después recibió la noticia que no esperaba: había sido seleccionada entre cinco jóvenes a nivel mundial.
Todo comenzó en su último semestre en la IBERO, cuando encontró una convocatoria y decidió enviar los documentos requeridos: currículum, video y un ensayo relacionado con desertificación y cambio climático.
Durante el proceso de selección recibió una respuesta que la marcó: una de las fortalezas que identificaron en su candidatura fue su manera de escribir.

“Comparando con otro tipo de escritura que es meramente académica, aquí me formaron mucho en el humanismo. Yo tengo súper tatuado en el pecho ‘en todo amar y servir’. Todos mis ensayos trato de hacerlos muy humanistas”, cuenta.
Para Samantha, esa mirada no nació únicamente en las aulas. Habla de profesores, grupos estudiantiles, proyectos sociales, personal administrativo y de servicio como parte de una comunidad que fue formando su manera de entender las Relaciones Internacionales.
“Yo a la IBERO le debo todo. Eché raíces y la IBERO cimentó todo mi camino. El sentido humanista es lo que más caracteriza a esta Universidad y lo que más me ha formado a mí”.
En la COP17 participó en diferentes espacios, pero uno de los momentos centrales ocurrió durante el High-Level Ministerial Event on Security and Migration, donde pronunció el llamado oficial de las juventudes ante representantes internacionales.
Desde el podio lanzó una crítica a la participación meramente simbólica:
“Las nuevas generaciones no estamos aquí para hacer que ustedes se vean mejor. Somos quienes implementaremos, o sufriremos, mientras ustedes deciden en esta sala. Escúchennos. Tenemos mucho que decir”.
También pidió dejar de considerar a las juventudes únicamente como beneficiarias de las políticas públicas y comenzar a reconocerlas como agentes de implementación, capaces de restaurar tierras, trabajar con comunidades e impulsar soluciones.
Durante una entrevista con Prensa IBERO lo resume de otra forma: “No somos el futuro, somos el presente”.
Para Samantha, abrir lugares para las juventudes en foros internacionales representa apenas un primer paso. El siguiente es que sus propuestas tengan incidencia real.
“Estamos ahí para ser parte de las decisiones, para que nos escuchen y nos hagan caso. Las juventudes, con nuestros proyectos locales y nuestras experiencias internacionales, tenemos mucho poder de agencia para incidir”.

Uno de los aprendizajes que más la marcó en Mongolia ocurrió fuera de las sesiones formales. Al terminar un encuentro de la OIM comenzó a conversar con un joven pastor nómada de Mongolia y otro proveniente de Kenia.
Tenían idiomas, culturas y contextos distintos, pero pronto encontraron experiencias compartidas.
“Me di cuenta de que lo más importante es ver dónde estamos unidos para poder actuar. A pesar de todos los obstáculos, se pueden crear puentes”, relata.
Esa experiencia reforzó una palabra que Samantha repite constantemente: esperanza.
“La esperanza es lo más valioso que tenemos como humanidad hoy en día. Mucha gente no quiere actuar porque piensa que ya no hay nada que hacer, pero eso no es verdad”.
Para ella, incluso el concepto de restauración de la tierra rebasa lo ambiental.
“Restaurar la tierra no sólo es restaurar la tierra; es restaurar la esperanza de las personas, las oportunidades y las sinergias que se crean entre ellas”.
Samantha insiste en que participar en una conferencia internacional pierde sentido si lo aprendido no regresa a las comunidades.
“Todos los aprendizajes en este tipo de foros internacionales no valen nada si no son implementados o empujados hacia nuestra misma localidad”.
Por eso busca conectar la experiencia adquirida en la COP17 con proyectos en México, desde colectivos vinculados con movilidad humana y desertificación hasta La Parvada, iniciativa en la que participa y que busca reactivar la conversación política entre jóvenes de distintas realidades sociales y económicas.
Después de Mongolia, su apuesta sigue siendo la misma: crear puentes.
“Tenemos que enfocarnos en nuestras similitudes más que en nuestras diferencias. Nunca vamos a pensar todos igual, pero siempre podemos encontrar lugares donde podamos construir”.
Y para quienes desde las aulas de la IBERO miran estos espacios internacionales como algo lejano, Samantha tiene un mensaje sencillo: aprovechar la Universidad mucho más allá del salón de clases, involucrarse y atreverse a aplicar.
“Tenemos que creer mucho en nosotros y en la gran formación que nos da la Universidad. Todo ese camino que te forja la IBERO te prepara para llegar a estos espacios”.
Para Samantha, esa experiencia también dejó la certeza de que la participación de las juventudes cobra sentido cuando sus ideas pueden traducirse en acciones concretas.
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