22 DE MAYO DE 2026
Estancamiento en visitas a museos no necesariamente refleja desinterés cultural: Experta IBERO
PRENSA IBERO
22 DE MAYO DE 2026
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La Dra. Sara Baz, Académica del Departamento de Arte, apunta que detrás hay recortes presupuestales, menos personal y menor capacidad de innovación
Plantea que el futuro está en convertirlos en espacios vivos de encuentro, comunidad y participación, sin perder su vocación patrimonial
El estancamiento para atraer más visitantes a los museos en México no puede explicarse necesariamente como una pérdida de interés del público por lo cultural, afirmó la Dra. Sara Baz Sánchez, Académica del Departamento de Arte de la Universidad Iberoamericana (IBERO) Ciudad de México (CDMX)
Indicó que detrás de este fenómeno hay factores estructurales que incluyen menor inversión pública, debilitamiento de mecanismos de financiamiento cultural y dificultades operativas que afectan directamente la experiencia de quienes asisten.
La especialista de nuestra casa de estudios advirtió que durante décadas los museos mexicanos funcionaron gracias a una combinación entre recursos públicos, patronatos fuertes e incentivos fiscales que permitían atraer inversión privada. Ese modelo, señaló, se ha reducido progresivamente.
Recordó la renovación que vivió el Museo Nacional de Arte a finales de los años noventa, cuando fue posible cerrar temporalmente el recinto para realizar una intervención arquitectónica y tecnológica de gran escala: restauración, modernización de instalaciones, climatización especializada, adecuación de salas y bodegas. Hoy, explicó, ese tipo de proyectos serían mucho más difíciles de financiar.
“Ha habido un decrecimiento paulatino de incentivos fiscales y una reducción de presupuestos destinados a instituciones culturales. Eso impacta mantenimiento, programación, adquisición de obra y también difusión”, acotó.
Precisó que la consecuencia no solo se refleja en menos exposiciones o menor renovación de contenidos, sino en salas cerradas por falta de custodios, contratos insuficientes para seguridad y limitaciones para sostener horarios completos de atención.
La Dra. Baz Sánchez apuntó que casos recientes donde museos han debido restringir servicios por falta de personal muestran que la discusión sobre asistencia no puede reducirse a preguntarse si a la gente “ya no le interesan los museos”.
Desde su experiencia en gestión cultural, la académica de nuestra casa de estudios sostuvo que uno de los grandes desafíos consiste en abandonar la idea del museo únicamente como lugar de contemplación silenciosa.
Recordó proyectos que apostaron por activar los espacios con dinámicas poco convencionales, como intervenciones artísticas y participativas dentro del museo o actividades que invitaron a públicos que nunca habían pisado recinto cultural.
En ese sentido, propuso ampliar las formas de interacción: conversatorios, encuentros con artistas, actividades comunitarias, talleres y espacios donde el visitante participe activamente en lugar de ser únicamente espectador.
En una época dominada por redes sociales, plataformas de video y consumo inmediato, la Dra. Baz Sánchez consideró que los museos enfrentan el reto de construir experiencias que dialoguen con nuevos hábitos culturales.
Dijo que las plataformas digitales no deben entenderse como competencia sino como aliadas: redes sociales, contenidos breves, visitas híbridas y eventualmente herramientas de Inteligencia Artificial podrían ayudar a acercar colecciones y generar interés en jóvenes.
Sin embargo, advirtió que para aprovechar ese potencial se requiere inversión en digitalización de acervos, infraestructura tecnológica y formación especializada.
La especialista también cuestionó que gran parte de las métricas culturales sigan concentradas en indicadores cuantitativos: cuántas personas entraron, edad, nivel educativo o frecuencia de visita.
En ese sentido, propuso incorporar evaluaciones cualitativas que permitan responder preguntas distintas: qué sintió el visitante, si regresaría, si el museo transformó su experiencia o si encontró un espacio de pertenencia.
“Los números sirven, pero no explican por sí solos qué está pasando con la relación entre sociedad y museos”, afirmó.
Para recuperar presencia cotidiana, consideró necesario flexibilizar ciertas dinámicas que todavía generan distancia: recorridos excesivamente rígidos, reglas poco explicadas o experiencias donde el visitante siente que cualquier acción puede ser incorrecta.
No se trata, aclaró, de abandonar la conservación del patrimonio, sino de hacer que los museos se perciban menos como espacios que sancionan y más como lugares donde las personas puedan permanecer, conversar, explorar y construir comunidad.
Concluyó que antes que convertirse en productos turísticos o vitrinas institucionales, los museos deben volver a ser espacios pensados para quienes viven alrededor de ellos.
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