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PRENSA IBERO
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• La Dra. Alejandra Herrera Mendoza, académica de la Universidad Iberoamericana, advierte que la influencia del cine estadounidense y la mercadotecnia ha transformado la manera en que se representa esta celebración. Aunque las tradiciones de los pueblos originarios siguen vivas, considera que están quedando ocultas detrás de los espectáculos comerciales
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

El Día de Muertos es una de las celebraciones más representativas de la identidad mexicana. Sin embargo, entre desfiles multitudinarios, disfraces, producciones cinematográficas y campañas publicitarias, su significado original parece recibir cada vez menos atención frente a una versión más comercial y espectacular de la tradición.
La influencia de la cultura estadounidense, particularmente de Halloween, ha contribuido a modificar la manera en que algunos sectores de la sociedad mexicana se relacionan con estas fechas. Mientras las calles se llenan de disfraces y grandes espectáculos, las prácticas comunitarias que dan sentido a la celebración permanecen frecuentemente fuera de los reflectores.
Así lo analiza la Dra. Alejandra Herrera Mendoza, académica e investigadora de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, vinculada con el Centro de Estudios Críticos de Género y Feminismos (CECRIGE) y coordinadora de la Maestría en Gestión de la Innovación Tecnológica, quien reflexiona sobre los derechos culturales, la apropiación de las tradiciones y la responsabilidad de las instituciones educativas en la protección del patrimonio.
Para la especialista, Halloween y el Día de Muertos no son equivalentes, aunque sus expresiones puedan coincidir cada vez más en el espacio público.
“Halloween yo diría que es simplemente fiesta. Y en el otro caso, el mexicano es una ceremonia de acompañamiento y de cercanía con los difuntos, y entonces el sentido cambia”, explica.
La diferencia es fundamental: mientras Halloween se asocia principalmente con actividades festivas y disfraces, el Día de Muertos conserva, entre las comunidades que lo practican, un sentido profundo de memoria, encuentro y acompañamiento de quienes han fallecido.
Películas como Spectre, de la saga de James Bond, y Coco, de Disney y Pixar, han contribuido a proyectar internacionalmente imágenes asociadas con el Día de Muertos. Sin embargo, también han abierto un debate sobre la influencia que las representaciones cinematográficas pueden ejercer en la manera en que una sociedad interpreta sus propias costumbres.
Durante la entrevista, la investigadora reflexionó particularmente sobre la influencia de las producciones cinematográficas de gran alcance en la adopción de celebraciones y elementos visuales que no necesariamente corresponden a las prácticas tradicionales.
A su juicio, el problema no está únicamente en que estas representaciones circulen internacionalmente, sino en la posibilidad de que adquieran mayor visibilidad que las expresiones culturales de las comunidades donde se han transmitido los rituales de generación en generación.
“Lo que ha ganado mucho más que la tradición, ha sido la mercadotecnia”, señala.
La académica recuerda que México cuenta, desde 2022, con una legislación federal orientada a proteger el patrimonio cultural de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, un instrumento relevante para reflexionar sobre los derechos colectivos frente al aprovechamiento de expresiones culturales.
No obstante, también reconoce que algunas de las películas que contribuyeron a popularizar determinadas representaciones del Día de Muertos fueron realizadas antes de la expedición de esa legislación.
Esto plantea una discusión que va más allá de las pantallas: ¿cómo promover la difusión de nuestras tradiciones sin permitir que su dimensión comercial termine desplazando el significado que tienen para las comunidades?
Pese a la creciente influencia de las representaciones comerciales, la Dra. Herrera Mendoza rechaza que las tradiciones comunitarias hayan desaparecido.
Como ejemplo, invita a observar lo que sucede en comunidades de Michoacán, donde las familias continúan reuniéndose durante la Noche de Muertos para acompañar simbólicamente a sus seres queridos.
En lugares como Tzintzuntzan, explica, las personas acuden a los cementerios con alimentos, música, telas, oraciones y objetos que pertenecieron a sus familiares fallecidos. Algunas llevan incluso las sillas en las que solían sentarse sus seres queridos.
Son expresiones de memoria colectiva que difícilmente pueden reducirse a un desfile, un disfraz o una campaña publicitaria.
Para la investigadora, estas prácticas demuestran que la celebración conserva su sentido dentro de las comunidades, aunque no reciba la misma atención que sus manifestaciones comerciales.
“Eso no está perdido, pero está oculto”, afirma.
La especialista considera que se ha dado mucha mayor visibilidad a la producción comercial alrededor del Día de Muertos, mientras las experiencias comunitarias continúan siendo poco conocidas para amplios sectores de la población.
Incluso plantea que sería valioso documentar lo que sucede en las comunidades que mantienen estas prácticas, en lugar de concentrar la atención únicamente en las versiones más espectaculares de la festividad.
Para la académica, la familia desempeña un papel fundamental en la transmisión de las tradiciones.
Es en los hogares donde niñas, niños y jóvenes pueden conocer los significados de las ofrendas, los rituales y las distintas formas de recordar a quienes ya no están.
Sin embargo, reconoce que la influencia cultural estadounidense está presente en diversos aspectos de la vida cotidiana de México, desde la alimentación hasta las celebraciones.
En ese contexto, considera importante que las nuevas generaciones conozcan también las expresiones que permanecen vivas en los pueblos originarios y comprendan que el Día de Muertos tiene significados distintos de los asociados con Halloween.
No se trata solamente de reproducir símbolos como las flores, las veladoras o las calaveras, sino de comprender la memoria familiar y comunitaria que existe detrás de ellos.
Frente a estos desafíos, las universidades tienen una responsabilidad importante en la formación de personas capaces de reconocer, respetar y valorar la diversidad cultural del país.
La Dra. Herrera Mendoza destaca que la Universidad Iberoamericana incorpora en su formación académica una preocupación por los derechos humanos, la inclusión y el reconocimiento de las comunidades indígenas y afromexicanas.
Señala que estos principios forman parte del trabajo universitario y de las experiencias educativas mediante las cuales las y los estudiantes pueden acercarse a distintas realidades sociales.
Al mismo tiempo, reconoce que las instituciones de educación superior todavía tienen mucho trabajo por realizar para visibilizar y acompañar a las comunidades.
Esta preocupación también alcanza a la formación tecnológica.
Como coordinadora de la Maestría en Gestión de la Innovación Tecnológica de la IBERO, la investigadora considera necesario desarrollar soluciones que respondan a las características, necesidades y contextos de la sociedad mexicana, en lugar de adoptar de manera automática modelos creados para otras realidades.
“Ni nuestros cuerpos, ni nuestros pensamientos, ni nuestra historia es exactamente igual a la de otros países que nos venden tecnología”, subraya.
Desde esta perspectiva, la formación profesional debe incorporar sensibilidad hacia la cultura, el territorio y las necesidades de las personas, además de conocimientos técnicos.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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