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PRENSA IBERO
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• El Mtro. Arturo Cisneros, Gestor y Coordinador Académico de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana, señala que no existe un formato superior a otro y que la tecnología puede ampliar el acceso a las historias y al conocimiento • Afirma que el audiolibro no compite con el libro, recupera la tradición oral y puede convertirse en una puerta de entrada a la lectura para quienes no tienen tiempo, oportunidad o disposición para leer en formatos tradicionales • Destaca que lo importante es la calidad de la experiencia lectora, pues tanto libros como audiolibros pueden desarrollar la atención, ampliar perspectivas y fortalecer el pensamiento crítico
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

¿Es mejor leer un libro o escuchar un audiolibro? Para el Mtro. Arturo Cisneros, Gestor y Coordinador Académico de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la Universidad Iberoamericana (IBERO), la pregunta no debería plantearse en términos de qué formato es superior, sino de
“Más que ventajas y desventajas existen muchas diferencias”, explicó el académico, quien consideró que tanto el libro impreso o electrónico como el audiolibro ofrecen distintas posibilidades de acercamiento a los textos y demandan formas particulares de atención.
Una de las diferencias está en el ritmo. Mientras que en la lectura visual la persona puede detenerse fácilmente en una frase, regresar una página o avanzar a su propio paso, en el audiolibro esas acciones requieren manipular la reproducción y regresar determinados segundos.
Sin embargo, dijo en entrevista con Prensa IBERO que el formato sonoro recupera una dimensión fundamental de la historia de la lectura: la oralidad.
Recordó que, durante buena parte de la historia, el acceso a los libros estuvo limitado a sectores que sabían leer y tenían posibilidades de acceder a ellos. Para muchas personas, las historias, ideas y conocimientos llegaban mediante la voz de alguien que leía para un grupo o a través de la transmisión oral.
Desde esta perspectiva, indicó, el audiolibro representa una recuperación de esa tradición y puede convertirse en una puerta de entrada para personas que no tienen tiempo, oportunidad o disposición para leer mediante formatos tradicionales.
Además, señaló, la voz del narrador modifica la experiencia: el tono, el ritmo y la manera de interpretar un texto pueden influir en la forma en que quien escucha construye su propia interpretación.
“Quien lee interpreta el texto que después tú escucharás y esa interpretación de alguna manera ya está afectando lo leído”, enfatizó.
Esta característica adquiere especial relevancia en la poesía, donde escuchar al propio autor o autora leer sus textos permite identificar ritmos, pausas y tonos que pueden enriquecer la experiencia.
El académico rechazó la idea de que escuchar un audiolibro implique necesariamente una menor concentración; por el contrario, sostuvo que escuchar una historia requiere atención, especialmente porque el entorno puede convertirse en una fuente constante de distracciones.
Explicó que aunque un audiolibro puede acompañar actividades como conducir, viajar o trasladarse al trabajo, la experiencia cambia cuando se escucha en un ambiente tranquilo. En textos complejos, como los filosóficos, la exigencia de concentración puede ser incluso mayor debido a la dificultad de seguir conceptos abstractos sin la referencia visual del texto.
En ambos casos, explicó, el cuerpo participa de manera distinta. En la lectura tradicional intervienen principalmente la vista, la postura y la interacción física con el libro, mientras que en el audiolibro adquiere mayor relevancia el oído y la capacidad de mantener la atención.
El Mtro. Cisneros también cuestionó la idea contemporánea de medir la lectura por la cantidad de libros terminados durante un año.
“Yo lo que pensaría es que no importa tanto la cantidad como la calidad de lectura que estás haciendo”, afirmó.
Para el académico, leer implica mucho más que acumular títulos: significa involucrarse con una experiencia que incorpora recuerdos, conocimientos y experiencias personales.
También rechazó la idea de que determinados libros sean “más válidos” que otros. Una persona puede acercarse a la lectura a través de una novela popular y, posteriormente, desarrollar el interés por textos cada vez más complejos.
El objetivo, dijo, es pasar de leer únicamente por entretenimiento a utilizar la lectura también como una herramienta para cuestionar ideas preconcebidas, desarrollar pensamiento crítico y conocer otras formas de comprender el mundo.
Las herramientas digitales y la inteligencia artificial, consideró, pueden ampliar las posibilidades de acceso. Aplicaciones capaces de convertir archivos PDF o documentos en audio permiten que más personas puedan acercarse a contenidos que de otra manera tendrían dificultades para leer.
Estas tecnologías pueden generar nuevas “puertas de entrada” a la lectura, particularmente para quienes enfrentan barreras de acceso a los formatos tradicionales.
No obstante, advirtió que el desarrollo tecnológico no debería plantearse como una sustitución automática de un medio por otro.
“El libro es una tecnología súper avanzada que desde hace miles de años generó toda la civilización según como la conocemos hoy”, afirmó.
Finalmente, propuso entender el libro, el audiolibro y las nuevas herramientas digitales como formatos que pueden coexistir y complementarse, con el desafío de recuperar la lectura como una experiencia capaz de entretenernos, cuestionarnos y permitirnos acceder a otras realidades.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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