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PRENSA IBERO
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• Para el Dr. Oscar A. Martínez, investigador del EQUIDE, nacer en un lugar, familia o comunidad marca desde el inicio las oportunidades de una persona • El bienestar no se reduce al dinero, depende de salud, educación, alimentación, vivienda, seguridad y comunidad para construir oportunidades, afirma
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

“¿El pobre es pobre porque quiere?” La frase se repite en México como si la pobreza fuera consecuencia de decisiones individuales, pero para el Dr. Oscar A. Martínez-Martínez, del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), antes de hablar de esfuerzo hay que mirar las condiciones desde las que cada persona comienza su vida.
Nadie escoge dónde nacer. Una niña que nace en un municipio marginado de Oaxaca o Chiapas no parte del mismo lugar que quien lo hizo en una de las zonas más privilegiadas de la Ciudad de México. Entran en juego escolaridad, ingresos de los padres, disponibilidad de escuelas y hospitales, acceso a servicios y condiciones de la comunidad, factores que se van acumulando a lo largo del ciclo de vida.
En entrevista con Prensa IBERO, subrayó que esto no significa que las personas en pobreza no se esfuercen, y por el contrario, pueden realizar enormes esfuerzos y, aun así, encontrar obstáculos que dificultan salir de las condiciones en las que nacieron. Mientras tanto, quienes parten con mayores oportunidades pueden avanzar con mayor facilidad porque cuentan con una “carrera aventajada”.
Por eso, explicó, reducir la discusión a “el pobre es pobre porque quiere” deja fuera las brechas de oportunidad que anteceden a muchas decisiones individuales. La desigualdad tampoco es solamente económica: se entrecruzan brechas educativas, de género, étnico-raciales y las relacionadas con el acceso a servicios.
Entre las brechas de desigualdad más importantes se encuentra la de género. El investigador apuntó que históricamente las tareas de cuidado de niñas, niños y personas adultas mayores, así como los quehaceres del hogar, han recaído principalmente en las mujeres, con consecuencias sobre sus oportunidades educativas y laborales.
También, el especialista de nuestra casa de estudios señaló que hay otras desigualdades como el origen étnico-racial o el color de piel, que pueden generar sesgos en el tejido social de discriminación, precariedad o violencia.
Advirtió que los programas del bienestar pueden aliviar la pobreza de ingresos de forma temporal, pero no bastan por sí solos para eliminar las causas estructurales de la desigualdad y apuntó que primero debe existir una definición clara del concepto que establezca sus dimensiones e indicadores.
Expuso que el concepto “bienestar” usado para los programas sociales funciona más como un slogan político que como una demostración de que cada programa produce bienestar porque para saberlo habría que medir qué ocurre con todas las demás condiciones de vida de las personas.
Las transferencias, señaló, pueden funcionar como una “malla de contención” para las personas en pobreza, ya que ayudan a evitar que caigan más profundamente, pero no necesariamente las sacan de la pobreza ni eliminan la fragilidad que puede hacerlas volver a caer en la pobreza.
Para el Dr. Martínez-Martínez, el concepto “bienestar” tiene una arquitectura mucho más amplia. Incluye ingreso, educación, alimentación, salud física y mental, vivienda y acceso efectivo al agua: no basta con que haya tubería si finalmente no sale agua.
También, importan las condiciones del entorno. Detalló que una comunidad con redes de apoyo, solidaridad y cooperación puede ayudar a sus habitantes a enfrentar problemas cotidianos.
En contraste, indicó que vivir en contextos de violencia e inseguridad pueden afectar la salud mental, la satisfacción y la vida diaria. El acceso a espacios seguros para caminar, parques, banquetas e infraestructura accesible también forma parte del bienestar.
Concluyó que construir un hospital no garantiza bienestar por sí solo si no cuenta con doctores, medicamentos, personal y capacidad efectiva de atención, ya que el reto no solo consiste en entregar apoyos, sino en generar condiciones que permitan que quienes nacen en desigualdad tengan más oportunidades.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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