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• El Mtro. José Ángel Villegas, productor, realizador, investigador y académico de la Licenciatura en Comunicación, la Escuela de Cine y la Maestría en Cine, considera que la nueva película de Alejandro González Iñárritu es una de las más logradas de su carrera, pero también una apuesta tan costosa, compleja y políticamente incómoda que podría dificultar que un gran estudio vuelva a financiarle un proyecto de esa escala
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Alejandro González Iñárritu puede haber realizado con Digger una de las mejores películas de su carrera y, al mismo tiempo, haber alcanzado el límite de lo que los grandes estudios de Hollywood están dispuestos a financiar para un proyecto de autor tan costoso, complejo y políticamente arriesgado. Así lo considera el Mtro. José Ángel Villegas, productor, realizador, investigador y académico de la Licenciatura en Comunicación, la
Para Villegas, una de las claves para entender la película está en que no se trata de una narración convencional. La describe como una obra construida a partir de distintos niveles o “metaversos”, con múltiples subtramas y una lectura política que conserva una característica constante en la filmografía del realizador mexicano: observar y cuestionar fenómenos sociológicos, filosóficos y políticos.
El académico subrayó además que Digger tiene una mirada profundamente mexicana y latinoamericana, incluso cuando el objeto de su crítica se encuentra en Estados Unidos.
A lo largo de la película, explicó, aparecen referencias a presidentes estadounidenses y a las formas en que el poder político global se ha construido durante las últimas décadas, utilizando una comedia negra que puede resultar especialmente cercana para públicos mexicanos y latinoamericanos.
Uno de los elementos que Villegas considera más interesantes es que una gran compañía estadounidense haya financiado una película que parte de la visión del mundo de un director mexicano y que incorpora a una de las escritoras más reconocidas y críticas de México, Sabina Berman.
El proceso de escritura, recordó, se desarrolló durante años y pasó por numerosos tratamientos antes de consolidar un guion suficientemente sólido para ser presentado a un gran estudio.
Para el especialista, ahí se encuentra buena parte del riesgo creativo de la producción: combinar a un director mexicano, una escritora mexicana, un equipo con el que Iñárritu ya había trabajado y una estrella del sistema hollywoodense como Tom Cruise para construir una película de gran presupuesto con una crítica ácida hacia el poder.
Villegas también destacó la capacidad de Iñárritu para llevar a figuras ampliamente conocidas por el público a registros distintos de aquellos con los que tradicionalmente se les identifica.
En Birdman, recordó, ocurrió con Michael Keaton; en Digger, Iñárritu vuelve a trabajar con una figura de enorme presencia comercial como Tom Cruise, colocándolo en una propuesta mucho más arriesgada que las producciones de entretenimiento masivo con las que habitualmente se le relaciona.
El conflicto aparece cuando una película de estas características entra en la lógica económica de los grandes estudios.
Villegas recordó que Digger implicó una inversión de gran escala y que las producciones de este tamaño no sólo deben recuperar el costo de filmación, sino también enormes cantidades destinadas a distribución, publicidad y promoción internacional.
Ese modelo hace que incluso una película artísticamente lograda quede condicionada por su capacidad de atraer públicos masivos.
Para el académico, el punto de quiebre está precisamente ahí: Digger puede ser una de las películas más destacadas de Iñárritu y, sin embargo, no responder al tipo de producto que actualmente buscan financiar los grandes estudios.
“Me parece que ha llegado ahora sí al límite que le permiten los grandes estudios para contar historias tan caras”, sostuvo Villegas. Desde su perspectiva, si la película obtiene presencia en premios, probablemente sea principalmente en categorías técnicas y no necesariamente en los principales reconocimientos.
Más aún, consideró que el comportamiento comercial de Digger podría hacer más complejo que Iñárritu consiga nuevamente el respaldo de un gran estudio para una película de presupuesto similar.
La paradoja que plantea Digger es, entonces, particularmente interesante: el éxito artístico de una película no garantiza que la industria quiera repetir la apuesta.
En un ecosistema cinematográfico donde los grandes estudios buscan proyectos capaces de recuperar inversiones multimillonarias en distintos territorios, las películas de autor de alto presupuesto enfrentan una presión cada vez mayor para demostrar resultados comerciales inmediatos.
Iñárritu ha construido una carrera excepcional dentro de ese sistema y ha conseguido que figuras del star system participen en historias alejadas de las fórmulas más convencionales. Pero, para Villegas, Digger podría marcar un punto de inflexión.
No necesariamente porque el director haya perdido fuerza creativa. Al contrario: el académico la considera una de sus mejores películas.
El problema es otro: qué tan lejos puede llegar un cineasta dentro de Hollywood cuando utiliza los recursos de un gran estudio para contar una historia costosa, políticamente incómoda y construida desde una mirada distinta a la del principal mercado que debe recuperar la inversión.
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