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PRENSA IBERO
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• La estudiante Diana Anette Blando representa una nueva generación de mujeres en STEM: desde su primer semestre ya desarrolla investigación y asiste a congresos científicos • La Dra. Ana Lilia Juárez Vázquez afirma que visibilizar a las científicas es clave para que más niñas y jóvenes se imaginen desarrollando carreras en ingeniería y tecnología.
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional

Cuando Diana Anette Blando ingresó a Ingeniería en Biotecnología en la Universidad Iberoamericana, no imaginó que durante su primer semestre ya estaría participando en un proyecto de investigación sobre microorganismos con potencial para el desarrollo de nuevos antibióticos y aplicaciones biotecnológicas.
Tampoco imaginó que presentaría resultados en un congreso nacional de genética mientras apenas inicia su formación universitaria.
Su historia refleja una realidad que cada vez se vuelve más visible: las mujeres están ocupando espacios históricamente asociados con los hombres en la ciencia y la ingeniería. Sin embargo, para que más niñas y jóvenes se animen a recorrer ese camino, siguen siendo necesarios referentes, acompañamiento y oportunidades.
En el marco del Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, que se conmemora cada 23 de junio, la Dra. Ana Lilia Juárez Vázquez, académica del Departamento de Ingeniería Química, Industrial y de Alimentos de la IBERO, aseguró que visibilizar el trabajo de las científicas resulta fundamental para que nuevas generaciones puedan imaginarse a sí mismas desarrollando carreras en estos campos.
Diana y Ana Lilia trabajan en el estudio de microorganismos con potencial para aplicaciones en salud, industria y cuidado del medio ambiente.

La investigadora recordó que su propia vocación científica nació durante la preparatoria, cuando asistió a una conferencia impartida por la reconocida biotecnóloga mexicana Alejandra Bravo.
Hasta ese momento, explicó, la mayoría de las figuras científicas que le habían presentado eran hombres.
“Cuando la vi dije: yo quiero ser como ella”, relató.
Aquella experiencia le permitió descubrir que también existían mujeres liderando investigaciones de alto nivel y contribuyendo al desarrollo científico del país.
Con el paso de los años, observó un fenómeno que sigue presente en muchos espacios académicos: conforme aumenta el nivel de especialización, disminuye la presencia femenina.
“Vas haciendo una licenciatura y hay muchas mujeres; entras a la maestría y hay menos; llegas al doctorado y hay menos todavía”, explicó.
Por ello, considera indispensable mostrar que las mujeres hacen ciencia de impacto y reconocer aportaciones históricas que con frecuencia han permanecido invisibilizadas.

Para Diana Anette Blando, estudiante de primer semestre de Ingeniería en Biotecnología, una de las barreras más persistentes son los imaginarios que desde edades tempranas asocian la ciencia y la ingeniería con los hombres.
“Hace falta vernos a nosotras en estos espacios de ciencia y en estos espacios de poder”, afirmó.
La estudiante considera que muchas veces las niñas crecen sin referentes cercanos que les permitan visualizarse como investigadoras, ingenieras o desarrolladoras de tecnología.
Por ello, celebra que cada vez existan más iniciativas orientadas a impulsar la participación femenina en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
En años recientes han surgido iniciativas conocidas como STEMinist, una combinación de las siglas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y la palabra feminista. Estos proyectos buscan que más niñas y jóvenes se interesen por carreras científicas y tecnológicas mediante mentorías, talleres, redes de apoyo y la visibilización de mujeres que hoy desarrollan investigación, innovación y liderazgo en estos sectores.

Ingeniería para resolver problemas reales
Tanto la académica como la estudiante coinciden en que la ingeniería y la biotecnología ofrecen herramientas para enfrentar algunos de los desafíos más importantes de nuestro tiempo.
Desde el desarrollo de antibióticos naturales y probióticos hasta la degradación de contaminantes y la generación de procesos industriales más sustentables, los microorganismos que estudian en laboratorio tienen aplicaciones potenciales en salud, medio ambiente, alimentación y agricultura.
“La biotecnología está en todas partes”, afirmó la Dra. Juárez Vázquez.
Para Diana, una de las mayores fortalezas de esta disciplina es que permite combinar la curiosidad científica con la posibilidad de generar cambios concretos en la vida de las personas.
“Puedes cambiar tu vida y la vida de otras personas haciendo algo que te apasiona”, señaló.
Ambas consideran que abrir más espacios para las mujeres en la ciencia no sólo representa una cuestión de igualdad de oportunidades, sino también una forma de ampliar las perspectivas desde las que se construyen soluciones para los grandes retos contemporáneos.
La experiencia de Diana refleja también el enfoque con el que la IBERO forma a las nuevas generaciones de ingenieras e ingenieros en biotecnología. Revisa aquí el plan de estudios y conoce más de la Ingeniería en Biotecnología, que prepara profesionales capaces de investigar, diseñar e innovar procesos biológicos que impactan directamente en áreas como la salud, la alimentación, la energía, la agricultura, la industria y el cuidado del medio ambiente.
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