25 DE MAYO DE 2026
Del scroll infinito a la atención fragmentada: ¿Qué impacto tienen los contenidos digitales de consumo rápido entre jóvenes estudiantes?: Académica IBERO
PRENSA IBERO
25 DE MAYO DE 2026
PRENSA IBERO
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

La Dra. Maricela Portillo Sánchez, del Departamento de Comunicación, advierte que el consumo acelerado de contenidos digitales está modificando la capacidad de atención, concentración y procesamiento de información entre jóvenes
Señala que el reto no sería prohibir tecnologías, sino impulsar una alfabetización digital crítica que permita usar plataformas y algoritmos de forma consciente
El crecimiento del consumo de contenidos digitales de corta duración entre jóvenes estudiantes está transformando hábitos de atención, formas de informarse e incluso dinámicas educativas y culturales. Videos breves, recomendaciones automatizadas y navegación permanente entre plataformas han configurado nuevas formas de relación con el conocimiento y el entretenimiento que hoy generan preguntas sobre sus efectos de largo plazo.
Para la Dra. Maricela Portillo Sánchez, Académica del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana (IBERO), el impacto ya es visible tanto en México como en otros países y uno de los cambios más notorios tiene que ver con la disminución de la capacidad sostenida de atención.
La especialista explicó en entrevista con Prensa IBERO que diversos estudios han comenzado a alertar sobre cómo el consumo intensivo de contenidos digitales está modificando los tiempos de concentración de las generaciones más jóvenes.
Este fenómeno, detalló, no solamente aparece en espacios escolares, sino también en actividades tradicionalmente asociadas al ocio como por ejemplo: ver una serie de Netflix.
Hoy, señaló, resulta cada vez más común observar prácticas como reproducir notas de voz aceleradas, consumir videos en velocidades superiores o mantener una atención dividida entre varias pantallas al mismo tiempo.
En consecuencia, dijo que incluso actividades como ver una película o seguir una serie completa comienzan a requerir estímulos constantes para mantener el interés.
Desde esta perspectiva, indicó que el cambio no está únicamente en cuánto contenido se consume, sino en la manera en que se procesa.
“La exposición continua a formatos rápidos y fragmentados puede generar hábitos donde sostener una misma actividad durante periodos prolongados resulte más difícil”, señaló.
Portillo Sánchez advirtió que estos efectos también alcanzan los entornos educativos y laborales. Mantener procesos largos de lectura, análisis o construcción de argumentos puede convertirse en un reto adicional para estudiantes acostumbrados a estímulos inmediatos y permanentes.
A este escenario se suma el papel de los algoritmos. Explicó que plataformas digitales funcionan mediante sistemas que identifican preferencias individuales y devuelven contenidos similares a los ya consumidos.
Este mecanismo, refirió la académica, puede reforzar dinámicas donde las personas reciben cada vez más información alineada con sus intereses y menos exposición a perspectivas distintas.
Contó que algunos investigadores han definido este fenómeno como una “cámara de eco”, que son espacios digitales donde predominan opiniones, referencias y narrativas similares que terminan fortaleciendo determinadas visiones del mundo.
En el caso de las juventudes, dijo, esto adquiere una dimensión adicional porque buena parte del consumo informativo ya no ocurre mediante medios tradicionales.
“Muchos estudiantes obtienen noticias, recomendaciones y referencias culturales directamente desde redes sociales, creadores de contenido e influenciadores”, afirmó.
El problema, apuntó, es que no siempre existen herramientas suficientes para distinguir entre información confiable y contenidos poco verificados, lo que puede tener consecuencias delicadas en temas relacionados con salud, bienestar emocional, asuntos públicos o información noticiosa.
Sin embargo, la Dra. Portillo Sánchez consideró que el debate no debe abordarse desde el alarmismo. Advirtió que históricamente cada nueva tecnología ha generado temores sociales similares y que responder únicamente desde la prohibición suele producir resultados limitados.
Como ejemplo mencionó las discusiones recientes sobre restringir teléfonos celulares, tablets o pantallas interactivas en espacios educativos. Aunque reconoció que existe una preocupación legítima por los niveles de distracción, sostuvo que las políticas prohibitivas por sí solas no modifican hábitos ni construyen capacidades críticas.
La alternativa, planteó, consiste en fortalecer procesos de alfabetización mediática y digital. Es decir, enseñar a estudiantes, familias y docentes a comprender cómo funcionan las plataformas, identificar fuentes confiables, reconocer dinámicas algorítmicas y desarrollar hábitos conscientes de consumo.
La académica subrayó que la tecnología ya forma parte de la vida cotidiana y seguirá expandiéndose con herramientas como la inteligencia artificial. Por ello, concluyó que el desafío principal no sería retirar dispositivos, sino formar jóvenes capaces de seguir leyendo, escribiendo, cuestionando y construyendo pensamiento propio en medio de un entorno digital cada vez más acelerado.
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