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PRENSA IBERO
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• Durante el ciclo RefleAxión de la IBERO, el Mtro. Gustavo A. González Castañeda, S.J., planteó que los derechos humanos sólo cumplen su propósito cuando están al servicio de la dignidad de las personas • El director de Identidad y Misión del Instituto Oriente de Puebla llamó a contextualizar los derechos humanos y a poner siempre a la persona en el centro de las decisiones éticas
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional

¿Puede una ley dejar de cumplir su propósito cuando pierde de vista a la persona? Esa fue una de las preguntas que guiaron la conferencia "Cristianismo y derechos humanos", impartida por el Mtro. Gustavo A. González Castañeda, S.J., director de Identidad y Misión del Instituto Oriente de Puebla, quien invitó a reflexionar sobre los desafíos éticos que enfrentan hoy los derechos humanos en sociedades cada vez más diversas y complejas.
Durante la última sesión del semestre del tercer ciclo RefleAxión
Lejos de cuestionar la importancia de los derechos humanos, González Castañeda afirmó que representan uno de los mayores avances de la humanidad. Sin embargo, advirtió que dejan de cumplir su propósito cuando se convierten en principios absolutos desvinculados de las personas concretas.

"Los derechos humanos sirven en tanto ayudan al proceso de humanización de las sociedades."
Para explicar esta idea, recurrió a ejemplos relacionados con la libertad de expresión, la protección de la infancia, los conflictos interculturales y las tensiones que pueden surgir entre distintos derechos en sociedades cada vez más plurales.
"Lo que no podemos perder de vista es la centralidad del ser humano", afirmó.
Desde la tradición cristiana, explicó, Jesús coloca permanentemente a la persona por encima de cualquier interpretación rígida de la ley. Recordó el pasaje evangélico en el que afirma que "el sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado", para mostrar que las normas sólo encuentran sentido cuando están al servicio de la vida.
En ese contexto, sostuvo que el cristianismo no propone eliminar las leyes ni relativizar los derechos humanos, sino recordar que éstos existen para proteger la dignidad de las personas y no para convertirse en un fin en sí mismos.

"Lo central no es la ley; lo central es la persona."
Otro de los ejes de la conferencia fue la necesidad de comprender los derechos humanos desde los contextos históricos, sociales y culturales en los que se aplican.
El jesuita explicó que las sociedades contemporáneas son cada vez más diversas en términos culturales, políticos y religiosos, por lo que defender la dignidad humana exige desarrollar la capacidad de discernir cada realidad concreta y reconocer que distintos derechos pueden entrar en tensión.
Por ello, señaló que el discernimiento constituye una herramienta indispensable para responder éticamente a problemas complejos sin perder de vista aquello que realmente importa: las personas.
Durante la sesión, González Castañeda también reflexionó sobre el aporte del cristianismo a la comprensión de los derechos humanos. Explicó que, desde el Evangelio, la experiencia de Jesús revela que la dignidad humana se manifiesta con especial fuerza en quienes viven situaciones de exclusión, vulnerabilidad o sufrimiento.
Desde esa perspectiva, afirmó que la defensa de los derechos humanos no puede limitarse al ámbito jurídico, sino que también implica desarrollar una actitud de solidaridad capaz de acompañar a quienes más lo necesitan.

"La invitación del cristianismo es educar primero personas conscientes de sus deberes hacia los demás. Si sólo defendemos nuestros propios derechos, podemos terminar olvidando los derechos de quienes más nos necesitan."
La conferencia formó parte del tercer ciclo de RefleAxión, iniciativa impulsada por la DGVU y el CUI de la IBERO que busca abrir espacios de diálogo sobre los grandes desafíos contemporáneos desde la espiritualidad ignaciana, el pensamiento crítico y el compromiso con la justicia. A través de este programa, la Universidad promueve conversaciones que vinculan la fe, la academia y la realidad social para fortalecer una comunidad universitaria comprometida con la dignidad humana y la construcción de una sociedad más justa.
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