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PRENSA IBERO
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• Cinco estudiantes de Arquitectura de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México ganaron un concurso interno para representar a la institución en uno de los principales encuentros de arquitectura y ciudad de América Latina. Su proyecto, Sobre agua, invitó a reflexionar sobre la crisis hídrica, el aprovechamiento de materiales y la importancia de construir espacios públicos más habitables
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

¿Cómo es posible que en una ciudad donde llueve tanto haya personas que constantemente enfrentan problemas de abastecimiento de agua? Esta contradicción, que forma parte de la vida cotidiana de millones de habitantes de la capital, inspiró a cinco estudiantes de la Licenciatura en Arquitectura de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México a diseñar y construir un pabellón que llevó la reflexión sobre la crisis hídrica hasta la Alameda Central, uno de los espacios públicos más emblemáticos del país.
Valentina Navarro Barrios, Miguel Albarrán Guerra, Diego Alberto López Arreola, Daniela Amezcua Aranda e Iñigo Fernández Prieto
La experiencia les permitió pasar de imaginar espacios en las aulas a construir una intervención arquitectónica real, abierta a la ciudadanía y presentada ante profesionales, instituciones y visitantes de uno de los encuentros más relevantes del sector en América Latina.
Para Diego, uno de los momentos más emocionantes fue descubrir que una idea desarrollada entre compañeros podía convertirse en una construcción que otras personas recorrerían y experimentarían.
“Fue una gran satisfacción, y lo digo por el equipo, ver por primera vez algo construido, proyectado por nosotros, estudiantes. Fue algo muy bonito”, compartió.
Más allá del reconocimiento académico, el equipo decidió aprovechar la oportunidad para abordar una de las problemáticas más importantes de la Ciudad de México: la crisis hídrica.
Miguel Albarrán explicó que Sobre agua nació como una reflexión sobre la situación que enfrenta actualmente la capital, mientras que Diego López destacó la necesidad de cuestionar la manera en que las personas perciben y valoran este recurso.
“Uno de los principales problemas como comunidad es el agua. Y a veces pensamos: bueno, llueve todos los días, hay tanta agua y la vemos como un recurso que simplemente está ahí, pero no sabemos su valor”, explicó Diego.
El estudiante señaló que esta aparente contradicción entre la abundancia de lluvias y los problemas de abastecimiento fue uno de los puntos de partida de la propuesta.
La intención del equipo fue llevar una problemática urbana al terreno de la experiencia arquitectónica y generar preguntas entre quienes visitaran el pabellón.
Así, Sobre agua convirtió una reflexión ambiental en una intervención dentro del espacio público, demostrando que la arquitectura también puede ser una herramienta para visibilizar los desafíos que enfrentan las ciudades.
Otro de los elementos distintivos del proyecto fue la selección de materiales, pues el concurso convocaba a desarrollar un pabellón temporal cuyos componentes pudieran reutilizarse o reciclarse.
Para construir Sobre agua, el equipo recurrió a andamios, tela, lona, madera y grava, materiales seleccionados considerando no solamente su función dentro de la estructura, sino también las posibilidades de aprovechamiento después del festival.
“Justo el chiste de este concurso era usar materiales que se puedan reincorporar a un ciclo”, explicó Miguel.
El estudiante detalló que los andamios fueron rentados, por lo que podían regresar al circuito de alquiler una vez concluida su utilización en el pabellón.
De igual manera, señaló que la tela regresaría a Modo IBERO y que otros materiales podrían aprovecharse en espacios como el taller de carpintería de la Universidad.
Este planteamiento permitió incorporar criterios de reutilización desde la concepción del proyecto, en lugar de considerar el destino de los materiales únicamente después de desmontar la instalación.
La construcción contó también con el patrocinio de Andamios 360, en un ejercicio que acercó a las y los estudiantes a las condiciones técnicas y materiales de un proyecto arquitectónico real.
Pero Sobre agua no solamente buscaba generar conciencia sobre la crisis hídrica: también pretendía transformar temporalmente la experiencia de las personas que transitan por la Alameda Central.
Para conseguirlo, las y los estudiantes incorporaron hamacas que invitaron a visitantes a detenerse, descansar y apropiarse del espacio.
Iñigo Fernández explicó que uno de los propósitos del concurso era que los pabellones contribuyeran a activar la vida pública de la zona.
“El punto era que los pabellones activaran un poco a la gente y toda la zona”, señaló.
De acuerdo con el estudiante, las hamacas lograron atraer a numerosas personas que encontraron en la instalación un espacio agradable para permanecer.
Para Iñigo, esta respuesta de los visitantes representa una de las funciones fundamentales de su futura profesión: transformar los espacios para hacerlos más habitables y favorecer la convivencia.
“Ese es el propósito de la arquitectura: modificar el espacio para que el mundo sea mucho más habitable”, reflexionó.
Su testimonio revela otra dimensión del logro: las y los estudiantes no solamente diseñaron una estructura, sino que pudieron observar directamente cómo sus decisiones arquitectónicas influían en la forma en que las personas interactuaban con el entorno.


Detrás de Sobre agua también existe una historia de amistad, colaboración y acompañamiento académico.
Valentina Navarro recordó que el equipo comenzó a formarse entre estudiantes que ya se conocían y compartían una profunda pasión por la arquitectura.
La confianza entre sus integrantes y el interés por aprovechar las oportunidades de formación que ofrece la Universidad fueron fundamentales para desarrollar la propuesta y llevarla hasta su construcción.
Durante el proceso recibieron el acompañamiento del Mtro. Rafael Ortiz Cervantes y de la Arq. Pilar Echezarreta Aja, quienes contribuyeron desde el análisis del sitio, la reflexión arquitectónica y los aspectos técnicos del proyecto.
Valentina destacó particularmente la participación de Rafael Ortiz, con quien varios integrantes del equipo habían cursado asignaturas de Proyectos.
“Él nos ayudó con el análisis de sitio, nos ayudó mucho con reflexiones y, más que nada, a pensar fuera de la caja”, compartió.
Sobre Pilar Echezarreta, reconoció su acompañamiento en la resolución de aspectos más técnicos, indispensables para transformar el diseño en una intervención construida.
Por su parte, Daniela Amezcua subrayó que este tipo de experiencias permite al alumnado comprender mejor lo que implica participar en proyectos fuera del entorno académico.
“Te ayuda a darte una idea de cómo es empezar a participar en ciertos proyectos que ya son más reales”, explicó.
Para la estudiante, las experiencias de esta naturaleza contribuyen tanto al crecimiento personal como al desarrollo profesional, particularmente porque permiten fortalecer el trabajo colaborativo.
Daniela también destacó la creatividad, la libertad para proponer soluciones y la preparación que reciben de sus docentes como elementos importantes de su experiencia en la Licenciatura en Arquitectura.
La participación en MEXTRÓPOLI 2026 permitió a las y los cinco estudiantes poner en práctica conocimientos adquiridos durante su formación y enfrentarse a desafíos relacionados con el diseño, la construcción, la selección de materiales y el trabajo en equipo.
También les ofreció la posibilidad de presentar su trabajo fuera de las aulas y comprender que las propuestas arquitectónicas cobran un significado distinto cuando comienzan a formar parte de la vida cotidiana de las personas.
Valentina consideró que estudiar Arquitectura en la IBERO implica un aprendizaje constante tanto dentro como fuera de los salones, pero también una actitud activa para identificar y aprovechar las oportunidades que ofrece la Universidad.
“La IBERO ofrece muchas oportunidades”, compartió al recordar las actividades, visitas y proyectos que complementan su formación.
Con Sobre agua, las y los estudiantes demostraron que la arquitectura puede trascender los planos y las maquetas para convertirse en una herramienta de reflexión ambiental, aprovechamiento responsable de recursos y transformación del espacio público.
Su experiencia en MEXTRÓPOLI 2026 representa así un paso importante en su formación profesional y una muestra de cómo, desde las aulas de la IBERO, pueden surgir proyectos capaces de dialogar con los desafíos de la Ciudad de México.





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