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PRENSA IBERO
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• El Diálogo Nacional por la Paz ha recogido las voces de más de 16 mil personas y cuenta con equipos en 28 de las 32 entidades del país • Mujeres de distintas tradiciones religiosas impulsan una red para prevenir y atender violencias, particularmente las relacionadas con género • Representantes de distintas religiones coincidieron en que la paz exige escucha, justicia, acompañamiento a víctimas y acciones concretas frente a la violencia
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

“He aprendido a llorar con los que lloran, a buscar con los que buscan, a mantener la esperanza”. Saraí Hernández, religiosa Carmelita Misionera de Santa Teresa, no habló de la paz como una idea abstracta, sino que la ha visto construirse mientras acompaña a familias que buscan a sus personas desaparecidas, espera durante horas afuera de fiscalías y servicios forenses o camina junto a ellas en búsquedas de campo.
“La paz la he visto construir cuando dos mujeres se encuentran, se abrazan, se reciben”, relató durante la
Previo a las mesas académicas, la Jornada comenzó en la Casa de Meditación Encuentro y Paz de la IBERO con cantos, oraciones, silencio y símbolos de distintas tradiciones. La intención no era fundir las creencias en una sola práctica, sino permitir que cada comunidad expresara, desde su propia espiritualidad, una forma de pensar y pedir por la paz.
En la apertura, el Dr. Enrique Sanz Giménez-Rico, S.J., titular del Centro de Humanismo Integral Ignaciano (CeHII) de la IBERO, planteó que la paz debía abordarse desde distintas dimensiones: la espiritualidad, la academia, el contexto mundial, el papel de las mujeres y los símbolos.
Al recuperar la palabra hebrea shalom, que alude no sólo a la paz sino también a la plenitud y la armonía, señaló que ésta no debe entenderse como un punto de llegada, sino como algo que se construye mientras se camina hacia ella.
La Mtra. Mónica Maccise, Directora General de Vinculación Universitaria (DGVU) de la IBERO, llevó esa reflexión al terreno comunitario. Sostuvo que la paz interior permite mirar mejor a las otras personas y que, cuando se comparte, puede proyectarse hacia la colectividad.
“La paz interior se puede traducir a una paz comunitaria”, afirmó al hablar de la posibilidad de construir una experiencia común desde tradiciones distintas.
A su vez, Ignacio Cuevas de la Garza, Coordinador de Religiones por la Inclusión, explicó que el colectivo surgió como un espacio de diálogo vinculado originalmente al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), bajo una premisa: la diversidad de creencias no debe convertirse en motivo de división, sino en un motor para la empatía y la justicia social.
“La inclusión no es simplemente tolerar la existencia del otro, es reconocer que el otro también es legítimo, que su dolor nos concierne y que sus derechos también son nuestros derechos”, sostuvo.
Cuevas resumió también el sentido del encuentro con una frase: “México nos duele, pero también México nos convoca”. Frente a los duelos y violencias que atraviesan a numerosas familias, señaló, la paz que buscan promover es una “paz activa”, tejida desde la justicia, el diálogo y el reconocimiento de las diferencias.
Después llegaron los rituales: una ofrenda de apertura desde la tradición otomí, cánticos hinduistas, expresiones en sánscrito, una lectura musulmana y oraciones budistas y cristianas. En uno de los momentos más contundentes de la mañana, las voces reunidas respondieron juntas: “Nunca más las violencias, nunca más las guerras”, seguidas por referencias a genocidios, personas desaparecidas, feminicidios y crímenes de odio.
La primera mesa, “Contexto mundial y nacional de la situación de paz”, fue moderada por Cossette Galindo Ayala, Coordinadora del Programa de Cultura Judaica de la IBERO, y reunió experiencias sobre el papel de las religiones frente a los conflictos y la violencia.
Entre las participaciones estuvo la de Ana Paula Hernández Romano, Coordinadora del Diálogo Nacional por la Paz, quien explicó que el proceso de escucha de esta iniciativa reunió las voces de más de 16 mil personas durante aproximadamente siete meses mediante conversatorios en comunidades parroquiales, escolares, universitarias, rurales e incluso centros penitenciarios. Ese ejercicio alimentó la Agenda Nacional de Paz.
Actualmente existen equipos vinculados con el Diálogo Nacional por la Paz en 28 de las 32 entidades del país, con participación de comunidades religiosas, universidades públicas y privadas, organizaciones civiles, colectivos de víctimas y empresas.
Hernández Romano sostuvo que, en un entorno marcado por la confrontación y el ruido, escuchar puede convertirse en una forma de intervención: “En un mundo en donde impera la estridencia y donde impera la imposición, escuchar se convierte en sí mismo en un acto de rebeldía y de audacia”.
También participó Efrén Velázquez Gutiérrez, sacerdote de la Iglesia Anglicana de México y Presidente del Consejo Interreligioso de México, quien expuso el trabajo de esta organización para promover la tolerancia, la comprensión entre distintas tradiciones religiosas y acciones conjuntas en favor del bienestar común.
La segunda mesa, dedicada al papel de las mujeres de fe en la construcción de paz, fue moderada por Karen Castillo, representante de la Comisión Episcopal de Diálogo Interreligioso y Comunión (CEDIC).
Castillo explicó que mujeres de distintas tradiciones han comenzado a articularse con la intención de construir una red de mujeres de fe para prevenir y atender violencias, principalmente las relacionadas con género, aunque no exclusivamente.
Para muchas de ellas, señaló, la fe no es únicamente una convicción personal, sino una fuerza que impulsa organización comunitaria, acompañamiento espiritual, mediación de conflictos y acciones por la justicia.
Entre las participantes estuvo Saraí Hernández, religiosa Carmelita Misionera de Santa Teresa, con experiencia en acompañamiento a personas migrantes y, desde 2021, a familias buscadoras en Morelos. En su intervención colocó el foco en quienes sostienen las búsquedas de personas desaparecidas y en los pequeños actos de presencia que permiten mantener viva la esperanza.
Para Hernández, construir paz también significa ofrecer techo y alimento, esperar durante horas afuera de una fiscalía, acompañar una búsqueda o recibir a una familia después de enfrentarse nuevamente a un expediente sin avances.
“Desde ahí se va construyendo la paz en pequeños detalles”, dijo.
También participaron Carolina Sánchez, psicóloga, psicopedagoga y terapeuta humanista, vinculada al diálogo interreligioso y al acompañamiento terapéutico de niñas, niños, familias y mujeres, así como representantes de tradiciones budistas, judías e hinduistas.
Frente a una violencia capaz de volver la palabra paz una consigna vacía, las voces reunidas en la IBERO propusieron otra medida, que invita a escuchar, acompañar, buscar, organizarse y permanecer junto a quienes enfrentan el dolor.
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