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PRENSA IBERO
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• Mario Ureña García quien estudia las Ingenierías en Ciencia de Datos e Ingeniería Artificial es asesor de cyber safety en una prestigiosa consultoría • Advierte que la IA permite clonar voces, crear imágenes y videos para suplantar identidades; el principal punto débil de los ataques sigue siendo el error humano • Frente a la imposibilidad de mantener a niñas, niños y adolescentes alejados de la tecnología, la clave es enseñarles a utilizarla, señala
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

La tecnología ya forma parte de todos los ámbitos de la vida. Ha creado nuevas formas de vulnerabilidad que pueden afectar a cualquier persona, independientemente de su edad o experiencia. Ante este escenario, la protección digital no debe limitarse a instalar programas de seguridad: es necesario aprender a convivir con los riesgos y desarrollar hábitos para enfrentarlos.
Así lo planteó en entrevista con Prensa IBERO Mario Ureña García, estudiante de las Licenciaturas en
Para el joven estudiante, uno de los principales errores consiste en pensar que existen personas completamente protegidas frente a los ataques informáticos. Su propuesta de cyber safety parte de la premisa de que nadie está exento de equivocarse, ser víctima de un ataque o sufrir las consecuencias de una vulneración.
A diferencia de la ciberseguridad, enfocada en controles, protocolos y herramientas técnicas, cyber safety busca prevenir consecuencias físicas, psicológicas y sociales derivadas del uso del ciberespacio. Por ello, consideró necesaria la participación de especialistas de tecnología, psicología, derecho y comunicación.
Explicó que uno de los riesgos más conocidos es el phishing, mediante correos o mensajes engañosos que buscan obtener información de las y los usuarios a través de enlaces maliciosos. Sin embargo, detrás de este tipo de ataques existe la explotación del comportamiento humano.
“Prácticamente todo es error humano”, detalló el joven de la IBERO, quien ha participado como expositor internacional en diferentes conferencias de cyber safety, al señalar que para atacantes suele ser más sencillo aprovecharse de la ingeniería social que intentar vulnerar directamente sistemas complejos.
El problema, explicó, se ha agudizado con la Inteligencia Artificial (IA). Las herramientas actuales permiten utilizar fotografías, videos o grabaciones de una persona para generar contenidos falsos capaces de imitar su apariencia o su voz.
Un ejemplo son las llamadas o mensajes en los que un delincuente puede usar una voz generada artificialmente para hacerse pasar por un familiar y solicitar dinero. Técnicas que antes requerían la intervención directa de un extorsionador pueden comenzar a automatizarse.
“Los riesgos no desaparecen evolucionan conforme cambia la tecnología”, manifestó.
Mario identificó una diferencia importante entre la Generación Z y la Generación Alfa: mientras los primeros crecieron con dispositivos digitales, los segundos nacieron en un ecosistema dominado por pantallas, teléfonos inteligentes y tabletas táctiles.
El marco generacional que utiliza Mario es que la Generación Z comprende a quienes nacieron entre 1997 y 2012, mientras que la Generación Alfa está integrada por quienes nacieron a partir de 2013.
Apuntó que el cambio entre ambas generaciones no se limita a la manera en que utilizan la tecnología. Las y los niños de hoy pueden comenzar a construir una identidad digital incluso antes de tener capacidad para decidir sobre ella.
Fotografías publicadas por sus padres, aplicaciones, dispositivos conectados y tecnologías del Internet de las Cosas pueden generar enormes cantidades de información sobre las y los menores desde sus primeros años de vida.
Explicó que esta situación puede producir una huella digital mucho mayor que la que tuvieron generaciones anteriores, cuando las redes sociales todavía no existían o no formaban parte de la vida cotidiana.
El desafío, advirtió, consiste en que esa información podría permanecer durante décadas y resultar prácticamente imposible de eliminar por completo.
Frente a estos riesgos, una de las respuestas más frecuentes es restringir el acceso de niñas, niños y adolescentes a teléfonos, tabletas o internet. Sin embargo, Mario consideró que prohibir la tecnología no resuelve el problema.
Los menores eventualmente encontrarán una manera de conectarse mediante los dispositivos de sus amistades, computadoras escolares, tabletas o incluso aparatos conectados al Internet de las Cosas.
Por ello, propuso combinar límites y controles con educación digital. Las y los menores necesitan aprender cómo funciona Internet, cuáles son sus riesgos y qué hacer cuando inevitablemente comiencen a utilizar estas herramientas.
“Todos tenemos que ser conscientes para proteger a los demás”, sostuvo.
Consideró que los controles parentales pueden ser útiles, pero deben acompañarse de preparación, de lo contrario, cuando un menor tenga acceso a Internet sin supervisión, podría enfrentarse a un entorno que desconoce y convertirse en un objetivo más vulnerable.
Para Mario, la solución pasa por cambiar la relación que niñas, niños y jóvenes tienen con la tecnología. En lugar de entregarles dispositivos para consumir contenidos en redes sociales o jugar, propuso utilizarlos para desarrollar habilidades como programación, edición de video, diseño, creación de videojuegos o herramientas digitales.
Su acercamiento a Linux y a los videojuegos despertó en él su interés por la tecnología, lo que lo llevó a estudiar Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial. En su opinión, el teléfono, la computadora o la tableta no son necesariamente negativos, pues el problema aparece cuando se usan solo como instrumentos de consumo.
“En lugar de ser consumidores de la tecnología, tenemos que ser generadores. Tenemos que ser líderes”, planteó.
El reto no consiste entonces en alejar a las nuevas generaciones del mundo digital, sino en proporcionarles herramientas para desenvolverse en él de manera responsable.
Reconoció que pasar demasiado tiempo frente al teléfono puede representar problemas, pero insistió en que el mismo dispositivo puede utilizarse para aprender, crear y desarrollar proyectos.
Indicó que esta perspectiva está presente en su formación dentro de la IBERO, donde se destaca la importancia de vincular la tecnología con la dimensión humana, los valores y el impacto social.
Mario comenzó a impartir conferencias sobre cyber safety cuando tenía ocho años y actualmente suma alrededor de 13 años de experiencia en esta labor. Señaló que uno de los principales desafíos consiste en que más jóvenes se involucren en la creación de soluciones.
Las redes sociales, recalcó, ofrecen a las nuevas generaciones una capacidad de organización y difusión que antes requería ocupar cargos políticos, pertenecer a grandes organizaciones o contar con recursos económicos.
Hoy, una persona joven puede utilizar una plataforma digital para impulsar una iniciativa, generar conciencia o proponer cambios. Su llamado es a que niñas, niños, adolescentes y jóvenes no permanezcan como espectadores de los problemas tecnológicos, sino que participen en su solución.
“La invitación es que el resto de las personas no se quede de brazos cruzados y de verdad hagan realidad las ideas que tienen en mente”, concluyó.
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