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PRENSA IBERO
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• Una investigación en la que colaboró la Dra. Mónica Montserrat Ancira Moreno, del Observatorio Materno Infantil IBERO, revela que ingerir 7 gramos o más de azúcar al día se asocia con mayor grasa abdominal • El estudio también encontró que una mayor ingesta de azúcar provoca mayor tendencia a comer por razones emocionales y rechazo a alimentos con mayor valor nutricional • La evidencia también señala que la lactancia materna exclusiva y continuada reduce la exposición temprana al azúcar y favorece un desarrollo más saludable durante los primeros dos años de vida
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Basta consumir poco más de una cucharadita de azúcar añadida al día para que menores de dos años presenten cambios relacionados con un crecimiento menos favorable y una mayor acumulación de grasa abdominal, así lo revela un estudio en el cual participó la Dra. Mónica Montserrat Ancira Moreno, Académica del Departamento de Salud de la Universidad Iberoamericana (IBERO) y responsable del Observatorio Materno Infantil.
Los resultados del estudio
La investigación analizó la alimentación de 248 pares madre-hijo desde el nacimiento hasta los 24 meses de edad para conocer cuánto azúcar consumían las y los menores y cuáles eran sus efectos sobre el crecimiento, la adiposidad y el comportamiento alimentario.
Los resultados mostraron que la exposición al azúcar aumenta conforme avanza la edad, pasando prácticamente de cero gramos a los seis meses a una mediana de 19.4 gramos diarios al cumplir los dos años.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que las y los niños que consumían siete gramos o más de azúcar añadida al día presentaban una circunferencia de cintura aproximadamente dos centímetros mayor que aquellos que no consumían azúcares añadidos.
Además, registraron un menor crecimiento en longitud para su edad, indicadores que sugieren un desarrollo menos saludable durante una etapa crítica para el organismo.
El estudio también encontró que una mayor ingesta de azúcar se asocia con conductas menos favorables como mayor tendencia a comer por razones emocionales e incremento en la selectividad o rechazo a diversos alimentos, comportamientos que pueden influir en las preferencias o patrones de alimentación poco saludables en etapas posteriores de la vida.
Los datos documentaron que los primeros mil días de vida son una ventana crítica para el desarrollo del gusto y las preferencias alimentarias, ya que la exposición frecuente a alimentos dulces puede modificar los mecanismos cerebrales relacionados con la recompensa y favorecer una preferencia por sabores intensamente dulces, desplazando alimentos con mayor valor nutricional como frutas, verduras y otros productos frescos.
Una de las noticias más alentadoras del estudio es el papel protector de la lactancia materna. Las y los niños que recibieron lactancia materna exclusiva durante más de tres meses consumieron significativamente menos azúcar añadida durante sus primeros dos años de vida.

Quienes continuaron siendo amamantados después de los seis meses presentaron una reducción aún mayor en el consumo de estos azúcares, lo que confirma que la lactancia favorece hábitos alimentarios más saludables desde el inicio de la vida.
El análisis identificó las principales fuentes de azúcar añadida en esta población. Conforme los menores crecían, el azúcar de mesa, los productos de panadería dulce, algunos yogures, jugos industrializados y diversas fórmulas infantiles se convirtieron en los principales aportadores de azúcar en la dieta.
Para la Dra. Ancira Moreno, el hallazgo pone de relieve la importancia de revisar cuidadosamente el contenido de los alimentos dirigidos a la primera infancia y limitar aquellos productos ultraprocesados que contienen azúcares añadidos.
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