PRENSA IBERO
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28 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
AUTOR
Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

Se estima que un o una habitante promedio de la Ciudad de México pasa el tiempo equivalente a ocho días al año en el tránsito, o cuatro horas al día en traslados; en medio de esta situación, las ciclovías y sistemas de micromovilidad están dejando de ser una alternativa “complementaria” para convertirse en una inversión estratégica para las ciudades. Para Rodrigo Bejarano, experto en Arquitectura y Urbanismo egresado de la Universidad Iberoamericana y Director general de Motum, es importante señalar que invertir en medios de transporte como bicicletas o patines es rentable.
El experto, quien ha trabajado en sistemas de micromovilidad como Ecobici en Ciudad de México, dirigió una conferencia a estudiantes de la Licenciatura en Arquitectura de la IBERO, a quienes dijo que uno de los hallazgos más claros de su trabajo es que cuando una calle incorpora ciclovías o infraestructura para micromovilidad, cambia la forma en que las personas interactúan con el espacio.
Cuando las ciclovías y la micromovilidad llegan a las ciudades y sus diferentes zonas, afirmó el especialista, calles que antes eran de paso rápido se transforman en zonas donde la gente:
La movilidad no sólo conecta puntos, sino que define cómo se habita la ciudad, aseguró el ponente.
Bejarano pone como ejemplo avenidas en las que, tras la incorporación de ciclovías, se reactivaron negocios que antes estaban cerrados o sin flujo. Esto ocurre porque la micromovilidad:
En otras palabras, transforma una vía de tránsito en un corredor económico.
Además del impacto económico directo, invertir en micromovilidad tiene beneficios estructurales:
A diferencia de sistemas como el Metro, que requieren años de construcción y grandes presupuestos, la micromovilidad permite intervenciones más rápidas, flexibles y ajustables: “Es un sistema que puedes expandir o contraer según cómo funcione”.
Uno de los elementos clave de la micromovilidad, agregó Rodrigo Bejarano, es el uso de datos en tiempo real. A través de mapas de calor y patrones de uso, es posible saber:
Esto permite tomar decisiones más precisas y evitar inversiones fallidas: “Hoy sabemos exactamente cómo se mueve la gente y eso debería guiar el diseño urbano”.
Para el egresado de la IBERO, el mayor valor de la micromovilidad es que obliga a replantear cómo se diseñan las ciudades. Desde su punto de vista, no se trata sólo de mover personas, sino de crear entornos más habitables, activos y conectados.
Cada bicicleta, scooter o ciclovía genera efectos que van más allá del traslado:
El especialista afirmó que en el presente ya se diseñan y ejecutan las estrategias que darán formas a las ciudades del futuro; él cree que la micromovilidad se posiciona como una de las soluciones más viables y que invertir en ella no sólo responde a una necesidad de movilidad, sino a una estrategia de desarrollo urbano.
Por: Jorge Luis Cortés
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