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PRENSA IBERO
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• China instaló 18,272 aerogeneradores en 2025; México tenía 3,342 al cierre del mismo año • Un escenario elaborado en la IBERO calcula que nuestro país requeriría unos 19,100 aerogeneradores adicionales si cubriera con eólica toda su nueva demanda eléctrica no fósil hacia 2050 • 75.8% de la electricidad mexicana todavía provino de fuentes fósiles en 2025 • China produjo 4,178 TWh con eólica, solar, hidroeléctrica y nuclear, casi 11 veces toda la electricidad generada por México.
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China ofrece una referencia particularmente ilustrativa sobre la dimensión que puede alcanzar una transición energética cuando se desarrolla como una política de Estado, mediante una estrategia de largo plazo sostenida durante décadas. Desde principios del siglo XXI, el país ha impulsado una transformación de su sistema energético, con una expansión creciente de las fuentes de generación de bajas emisiones, particularmente la eólica y la solar, además de la hidroeléctrica y la nuclear.
Ya durante el X Plan Quinquenal (2001–2005), China incluyó entre sus objetivos el impulso a las energías renovables, particularmente la eólica y la solar, así como el desarrollo de fuentes de energía más limpias. A partir de entonces, su expansión fue adquiriendo mayor escala en las décadas siguientes, acompañada por inversiones crecientes en capacidad de generación y en la infraestructura necesaria para integrar y transmitir la electricidad.
Al cierre de 2025, China contaba con más de 227,000 aerogeneradores instalados, considerando instalaciones terrestres y marinas, de acuerdo con la China Wind Energy Association (CWEA), en su informe 2025年中国风电吊装容量统计简报发布 (2025 China Wind Power Installed Capacity Statistics), publicado el 6 de marzo de 2026. Pero quizá resulta más revelador observar el ritmo de expansión: tan solo en 2025, China instaló 18,272 nuevos aerogeneradores, una cantidad equivalente a 5.5 veces los 3,342 aerogeneradores que México tiene instalados al cierre de 2025. La comparación debe entenderse como una referencia de escala de despliegue de infraestructura, no como una equivalencia directa de capacidad de generación, ya que la potencia de cada aerogenerador puede variar considerablemente.
China no solo instala aerogeneradores; también está construyendo la infraestructura necesaria para integrar y almacenar la generación renovable. A finales de 2025, China contaba con 136 GW de potencia instalada de almacenamiento energético nuevo y 351 GWh de capacidad de almacenamiento, más de 40 veces la capacidad registrada al cierre de 2020, según la Administración Nacional de Energía de China.
La magnitud también puede observarse en la generación eléctrica. De acuerdo con los datos de Ember para 2025, China generó 10,369 TWh de electricidad, frente a 390 TWh de México. Es decir, el sistema eléctrico chino produjo aproximadamente 27 veces más electricidad que el mexicano.
Más reveladora resulta aún la generación de fuentes limpias. En 2025, China produjo 4,178 TWh mediante energía eólica, hidroeléctrica, solar y nuclear, una cantidad equivalente a casi 11 veces toda la electricidad generada por México. Esta comparación debe interpretarse con precisión: no se están comparando las matrices eléctricas completas de ambos países, sino la generación de fuentes limpias de China con la generación eléctrica total de México.
En términos de demanda eléctrica por habitante, China registró aproximadamente 7,460 kWh anuales, frente a 2,700 kWh en México: cerca de 2.8 veces más. La diferencia entre ambos sistemas eléctricos no se explica únicamente por el tamaño de la población china, sino también por una demanda eléctrica considerablemente mayor por habitante.
La experiencia china permite, así, dimensionar una cuestión fundamental para México: la transición energética no consiste únicamente en sustituir una fuente de energía por otra. Requiere construir, conectar y mantener una enorme infraestructura de generación, transmisión y almacenamiento. Es, también, un problema de escala física, de tiempo y de inversión.
México frente al desafío de la escala
México también ha establecido instrumentos de planeación para avanzar en la transición energética. El Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) contempla la evolución de la generación y la ampliación y modernización de las redes de transmisión y distribución. A su vez, el Plan de Desarrollo del Sector Eléctrico (PLADESE) 2025–2039 establece una perspectiva de mediano y largo plazo para la expansión y modernización de la infraestructura eléctrica nacional.
Sin embargo, la dimensión del reto no puede evaluarse únicamente a partir de metas porcentuales o de la incorporación de nuevas tecnologías. Es necesario traducir los objetivos de la transición energética en magnitudes concretas: cuánta infraestructura habrá que construir, qué inversión requerirá, cuánto podrán reducirse las emisiones y cuál será su impacto ambiental. No basta con definir hacia dónde se quiere avanzar; hay que dimensionar lo que será necesario construir para llegar allí.
México parte de una realidad muy distinta a la de China. En 2025, las fuentes fósiles todavía representaron alrededor del 75.8% de la generación eléctrica mexicana, mientras que la generación hidroeléctrica, solar y eólica aportó conjuntamente alrededor del 20%, equivalente a unos 78 TWh anuales. El resto correspondió a otras fuentes no fósiles, principalmente la generación nuclear y la bioenergía.
De acuerdo con la serie consultada de Ember, la generación eléctrica de México en 2025 se distribuyó aproximadamente de la siguiente manera:

En contraste, China generó 1,128 TWh de electricidad mediante energía eólica en 2025: más de 50 veces la generación eólica de México y casi tres veces la generación eléctrica total mexicana.
Por ello, la transición energética mexicana no puede entenderse solamente como un cambio en la composición porcentual de la generación. Implica construir nueva capacidad de generación, ampliar la red de transmisión, incorporar almacenamiento y disponer de capacidad de respaldo suficiente para acompañar el crecimiento de las fuentes renovables.
Aquí es donde la experiencia china adquiere relevancia para México: no para reproducir su modelo, sino para comprender la magnitud de la infraestructura que requiere una transición energética cuando se pretende llevarla a una escala nacional.
El desafío consiste en atender el crecimiento de la demanda eléctrica hacia 2050 sin aumentar las emisiones de CO₂ del sistema eléctrico respecto de sus niveles actuales.
Bajo este escenario, México necesitaría incorporar alrededor de 19,100 aerogeneradores adicionales si cubriera mediante generación eólica el requerimiento adicional de electricidad no fósil hacia 2050. China instaló en un solo año 18,272 equipos, equivalentes a aproximadamente el 95.7% de esa cifra. La comparación ilustra la escala del desafío, aunque no supone que ambos países necesiten equipos de la misma potencia ni que las condiciones de generación sean equivalentes.
Nota metodológica:
La estimación de aproximadamente 19,100 aerogeneradores adicionales corresponde a un escenario de generación eléctrica hacia 2050, con una demanda total proyectada de 500 TWh.
Para el cálculo, se consideran 295.6 TWh de generación fósil actual. Al descontar esta cantidad de la demanda total, se obtiene un requerimiento de 204.4 TWh de generación no fósil. Si se toman como punto de partida los 94.2 TWh de generación no fósil existente, el requerimiento adicional asciende a 110.2 TWh.
· Requerimiento adicional: 110.2 TWh = 110,200 GWh.
· Generación media supuesta por aerogenerador: 5.77 GWh anuales.
· Cálculo: 110,200 ÷ 5.77 ≈ 19,099 aerogeneradores, aproximadamente 19,100.
La producción real dependerá de la potencia instalada de cada equipo, el factor de planta y las condiciones del recurso eólico en los emplazamientos elegidos. El escenario supone que el crecimiento de la demanda se cubre mediante generación eólica adicional y que las emisiones de CO₂ del sistema eléctrico se mantienen aproximadamente en sus niveles de referencia.
Estimación y elaboración de la nota metodológica: Mtro. Enrique Healy Wehlen, Universidad Iberoamericana.
La transición energética no es solamente una meta porcentual: exige dimensionar la infraestructura necesaria para hacerla realidad. La cuestión, por tanto, no es únicamente qué tecnologías sustituirán a los combustibles fósiles, sino cuánto habrá que construir y cómo articular esa transformación mediante un plan estratégico de largo plazo orientado al bien común.
Colaboración de los alumnos de Ingeniería Mecánica y Eléctrica:
Iandel Maurits López Vallejo
Enrique Monsalve Reyes
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