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PRENSA IBERO
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• La pérdida de hábitats, la sobreexplotación, la contaminación y el calentamiento global reducen el alimento y los espacios disponibles para que las especies sobrevivan y se reproduzcan
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

Entre 1970 y 2020, las poblaciones de fauna silvestre disminuyeron 73% en el mundo; en América Latina y el Caribe, la caída alcanzó 95%, de acuerdo con información divulgada por el Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus) de la Universidad Iberoamericana, a través de su Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad.
Esta reducción no responde a una sola causa. La pérdida de hábitats, la sobreexplotación de especies, la contaminación, la introducción de especies invasoras y la propagación de enfermedades actúan simultáneamente y se agravan con los efectos del cambio climático.
En conjunto, estas presiones reducen los espacios y recursos que los animales necesitan para alimentarse, encontrar refugio, reproducirse y sobrevivir. El aumento de las temperaturas, los cambios en las lluvias, el deshielo y la alteración de las estaciones están modificando ecosistemas enteros y las relaciones que permiten su funcionamiento.
Una investigación retomada por Centrus IBERO, que dio seguimiento a 1,024 elefantes asiáticos durante 35 años, encontró que las condiciones climáticas influyeron significativamente en sus posibilidades de supervivencia.
Las temperaturas elevadas estuvieron relacionadas con un incremento de las muertes provocadas por golpes de calor y enfermedades infecciosas. El caso permite observar que el calentamiento global no sólo afecta directamente a los animales por su exposición a condiciones extremas, sino que también puede modificar la disponibilidad de agua y alimento, así como favorecer ambientes propicios para la propagación de enfermedades.
El cambio climático, además, interactúa con otros problemas. Una especie que ya enfrenta la fragmentación de su territorio o la disminución de sus fuentes de alimento tiene menos posibilidades de adaptarse a una sequía, una ola de calor o una transformación acelerada de su entorno.
Para los osos polares, la amenaza no se limita al aumento de la temperatura. La desaparición progresiva del hielo marino también representa la pérdida de una plataforma fundamental para cazar focas, una de sus principales fuentes de alimento.
Cuando el hielo tarda más tiempo en formarse o desaparece antes de lo habitual, estos animales deben pasar periodos más prolongados sin alimentarse. Esto deteriora su condición corporal y disminuye las probabilidades de supervivencia de las crías.
El caso muestra que una especie no necesita estar expuesta directamente a temperaturas letales para resultar afectada. Basta con que el cambio climático transforme el espacio donde consigue alimento para comprometer su reproducción y permanencia a largo plazo.
Las aves migratorias enfrentan una amenaza diferente. Muchas de ellas se guían por la duración de los días para iniciar sus recorridos; sin embargo, las temperaturas más altas pueden adelantar la primavera y modificar el momento en que nacen los insectos de los cuales se alimentan.
Cuando las aves llegan a su destino, el periodo de mayor disponibilidad de alimento puede haber terminado. Sus crías nacen entonces en un ecosistema desfasado, donde los recursos que necesitan aparecieron semanas antes.
Este desajuste ocurre porque no todas las especies responden de la misma manera ni a la misma velocidad frente a las transformaciones ambientales. Mientras el desplazamiento de algunas aves está determinado por la luz, los ciclos de los insectos pueden reaccionar a la temperatura. La pérdida de sincronía entre ambos procesos pone en riesgo la alimentación y reproducción de las aves.
Los ejemplos compartidos por Centrus IBERO evidencian que la supervivencia de la fauna silvestre depende de una compleja red de relaciones. La disponibilidad de agua, alimento y refugio; la continuidad de las estaciones y la conservación de los territorios son tan importantes como la capacidad de cada animal para resistir temperaturas más altas.
Por ello, la crisis climática y la pérdida de biodiversidad no pueden atenderse como fenómenos separados. Reducir emisiones resulta indispensable, pero también se requiere conservar y restaurar ecosistemas, disminuir la contaminación, detener la sobreexplotación de especies y evitar que las actividades humanas continúen fragmentando los hábitats.
Proteger a los animales implica preservar las condiciones y relaciones ecológicas que hacen posible su vida. Cuando desaparecen el hielo, los humedales o los bosques, o cuando se modifican las lluvias y las estaciones, también disminuyen sus posibilidades de alimentarse, reproducirse y sobrevivir.
Como parte de su propuesta para contribuir a aminorar estos problemas, Centrus IBERO imparte la Licenciatura en Sustentabilidad, una trayectoria universitaria orientada a responder de forma crítica, creativa y comprometida a los complejos desafíos de la crisis climática, la degradación ecológica y las desigualdades sociales.
Con un enfoque interdisciplinario, humanista y técnicamente riguroso, el programa articula ciencia, gestión, política y cultura para promover el cuidado de la casa común. Su plan de estudios equilibra las ciencias naturales y sociales con el análisis de procesos políticos, económicos y territoriales.
Las y los estudiantes desarrollan competencias técnicas y éticas para diseñar soluciones e incidir desde diferentes ámbitos, como empresas, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales. La formación incorpora proyectos concretos, herramientas analíticas y experiencias situadas que permiten comprender los problemas socioambientales y participar directamente en su atención.
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