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Becaria de Prensa IBERO

Las piezas incluyeron combinaciones con chile pasilla, whiskey escocés, naranja, café de Chiapas, cardamomo y nuez de macadamia.
Antes de que el primer chocolate llegara a la mesa, el aroma a cacao ya llenaba el lugar. Algunas personas observaban con curiosidad las pequeñas piezas acomodadas frente a ellas, mientras otras comentaban en voz baja qué sabores esperaban encontrar. La cata aún no comenzaba, pero el viaje alrededor del mundo ya estaba en marcha.
Las chocolateras dieron la bienvenida al grupo con una breve explicación sobre el origen del cacao y la importancia del xocolatl, la bebida preparada por las culturas del México prehispánico. Como primer acercamiento, invitaron a los asistentes a probar una semilla de cacao. Su sabor sorprendió a más de uno; al principio era amargo, pero poco a poco dejaba un gusto agradable que permitía imaginar el largo camino que recorre el cacao antes de convertirse en chocolate.
Antes de comenzar la degustación, explicaron que todos los chocolates habían sido elaborados especialmente para esa cata. Cada pieza combinaba cacao mexicano con ingredientes característicos de distintos continentes, por lo que cada creación llevaba un nombre que reflejaba ese encuentro entre culturas.

La primera parada fue América. Mientras hablaban de estados productores como Tabasco y Chiapas, los asistentes conocieron la historia del cacao en el continente donde nació. Después llegó el primer chocolate, Chocolate cacao Finca 4 Hermanos Siibalkuj, elaborado con cacao de Huehuetán, Chiapas, y chile pasilla. El sabor resultó difícil de comparar con algo conocido. En las mesas aparecieron miradas de sorpresa y sonrisas discretas; algunos levantaban las cejas mientras intentaban descubrir cómo el picante y el cacao podían convivir con tanto equilibrio.
El recorrido continuó hacia Europa. Las chocolateras contaron cómo el cacao cruzó el océano y terminó conquistando los paladares europeos. Entonces apareció una trufa de chocolate Cunduacán Mestizo, preparada con cacao de Chontalpa, Tabasco, y whiskey escocés. A diferencia de otros chocolates con licor, el whiskey no dominaba el sabor. Ambos ingredientes convivían en armonía y permitían que el dulzor del cacao siguiera siendo el protagonista.
La siguiente degustación llevó al grupo hasta Italia con un chocolate de Módica, el Cioccolato a la Arancia de Antica Dolceria Bonajuto. Antes de probarlo, las chocolateras pidieron a todos que frotaran un pequeño trozo sobre el dorso de la mano. Al hacerlo, la manteca de cacao dejó la piel más suave, demostrando que el chocolate también podía sentirse antes de llegar al paladar. Después llegó el momento de probarlo. No era excesivamente dulce ni demasiado amargo; el equilibrio entre ambos sabores hizo que varias personas permanecieran en silencio mientras disfrutaban cada bocado.

El viaje siguió hacia África. Las expositoras explicaron que este continente concentra la mayor producción mundial de cacao, un dato que sorprendió a varios asistentes, quienes imaginaban que el liderazgo pertenecía a México o a algún país europeo. También hablaron de naciones como Nigeria, Costa de Marfil y Ghana, fundamentales para la industria chocolatera.
La degustación de este continente estuvo representada por la trufa de chocolate cacao Arroyo Hondo, elaborada con cacao de Comalcalco, Tabasco, y café Jaguar de Jaltenango de la Paz, Chiapas. Bastó observar las mesas para notar la reacción del grupo, muchos la comieron de un solo bocado y enseguida comenzaron a intercambiar miradas de aprobación, como si todos hubieran llegado a la misma conclusión al mismo tiempo.
La siguiente escala fue Asia. Las chocolateras explicaron que en países como India y China las especias no solo forman parte de la cocina, sino también de la elaboración del chocolate. Compartieron además un dato curioso, la naranja llegó originalmente de China, razón por la que este ingrediente aparece con frecuencia en varios de sus platillos y postres.
Entonces apareció el Chocolate cacao Tapachula Rayen, preparado con cacao del Soconusco, Chiapas, naranja confitada y cardamomo. El aroma de las especias fue evidente desde el primer momento. Al probarlo, el cardamomo destacaba con claridad y se mezclaba con las notas cítricas de la naranja, ofreciendo una combinación distinta a todas las anteriores.

La última parada fue Oceanía. Aunque Australia cuenta con una producción limitada de cacao, las expositoras explicaron que el país se ha convertido en un importante exportador de chocolate elaborado. Para cerrar el recorrido sirvieron el Chocolate cacao Centenario Aguamiel, elaborado con cacao de Tuxtla Chico, Chiapas, y nuez de macadamia. Lo describieron como el postre ideal para terminar la experiencia por su textura ligera y el sabor que permanecía durante varios minutos en el paladar.
Cuando parecía que el viaje había terminado, llegó una última pregunta, ¿Cuál fue su chocolate favorito? Las respuestas comenzaron a repetirse desde distintos lugares de la mesa. La mayoría coincidió en la misma elección, la trufa de chocolate cacao Arroyo Hondo, inspirada en África, fue la que conquistó más paladares.
Al finalizar la cata, las cajas de chocolate ya estaban vacías, pero las conversaciones seguían vivas. Los asistentes comparaban sabores, recordaban cuál los había sorprendido más y comentaban que, durante un par de horas, un simple trozo de chocolate había logrado llevarlos de México a cinco continentes sin salir del mismo lugar.
La cata, titulada Chocolates del mundo, se realizó en el Centro de Atención Universitaria de la Universidad Iberoamericana, como parte de la iniciativa Tu Lugar en el Mundo, una iniciativa de la Dirección de Internacionalización. La experiencia fue presentada como un recorrido por la historia, la cultura y los sabores del cacao, guiado por especialistas de MUCHO – Museo del Chocolate.
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