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PRENSA IBERO
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• La Jornada de Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos logró localizar con vida a un joven que llevaba poco más de cinco meses reportado como desaparecido • El Programa facilita la interlocución con secretarías de Salud y Seguridad Pública, comisiones de búsqueda y organismos de derechos humanos, sin sustituir el papel de las familias • La propia Comisión de Búsqueda de Coahuila reconoce que estas organizaciones enseñan a buscar en vida, afirma Penny Ramírez, integrante del PDH IBERO
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Reportero de la IBERO

Buscar a una persona desaparecida no nada más es rastrear fosas o restos humanos. También implica recorrer y preguntar en cárceles, centros de rehabilitación, albergues, espacios de población migrante y lugares donde una persona podría encontrarse con vida.

La Búsqueda Nacional en Vida por Nuestros Desaparecidos es una
El principal resultado fue la localización con vida de un joven en el Centro Penitenciario de Piedras Negras, quien había sido reportado como desaparecido por poco más de cinco meses. El joven es originario de Tamaulipas y, tras ser localizado, pudo establecer nuevamente contacto con su familia.
“Buscar en vida no es solamente una expresión: requiere metodología, logística, coordinación institucional y, sobre todo, la participación de las familias”, explicó en entrevista con Prensa IBERO.
Durante la jornada se visitaron los centros penitenciarios de Monclova varonil y Piedras Negras femenil y varonil, además de siete centros de rehabilitación, un albergue para personas migrantes y distintos puntos mediante una brigada de búsqueda callejera en Ciudad Acuña.

En estos espacios, las familias mostraron fotografías de sus seres queridos a personas privadas de la libertad y a quienes se encontraban en centros de rehabilitación. Los testimonios que pudieran corresponder con alguna persona desaparecida fueron documentados y sometidos a un proceso de análisis y verificación.
Penny Ramírez explicó que no todo testimonio puede convertirse automáticamente en una línea de investigación, pues es necesario determinar cuándo ocurrió el supuesto avistamiento, si la descripción corresponde a la persona buscada y si los datos pueden ser útiles para continuar con la investigación.
Una vez depurada la información, se lograron 31 posibles casos positivos y viables, los cuales se entregaron a las familias para que, a través de sus agentes del Ministerio Público, puedan solicitar la investigación correspondiente.
Si el posible avistamiento ocurrió en una entidad distinta a aquella donde se encuentra la carpeta, indicó que también es necesario activar mecanismos de colaboración entre autoridades.
“Son muchos pasos, la complejidad administrativa puede hacer más lento este tipo de procesos, aunque el objetivo es mantener abierta la posibilidad de encontrar a las personas con vida”, enfatizó.
Uno de los casos identificados durante la jornada muestra cómo un dato puede convertirse en una estrategia de búsqueda.

A partir de información obtenida en un centro de rehabilitación se supo que un joven de 24 años, desaparecido desde hacía cinco años, podría encontrarse en Ciudad Acuña, en situación de calle y consumo.
La información permitió trabajar con la Comisión de Búsqueda de Coahuila para identificar los lugares donde había sido visto. Posteriormente, junto con las familias, se realizó una brigada callejera y se logró trazar una ruta de los espacios por los que habitualmente transitaba.
Por sus condiciones de vulnerabilidad y debido a que todavía no existe contacto directo con la familia, el caso permanece como “posible positivo ubicado”, explicó Ramírez.
El acompañamiento, en este caso, requiere mucho más que localizar un punto. También implica coordinación con autoridades y organizaciones que puedan contribuir a una eventual reintegración familiar sin poner en riesgo a la persona.
El Programa de Derechos Humanos de la IBERO participa en la parte logística y operativa de estas jornadas: análisis de contexto, diseño del cronograma, identificación de centros adecuados para realizar las búsquedas, interlocución con autoridades y coordinación de rutas, alojamiento y actividades.

La especialista en incidencia del programa explicó que uno de los criterios para seleccionar centros de rehabilitación es que estén regulados por el Estado, con el propósito de reducir riesgos para las familias buscadoras.
El Programa, dijo, facilita la interlocución con instituciones como las secretarías de Salud y Seguridad Pública, las comisiones de búsqueda y organismos de derechos humanos, sin sustituir el papel de las familias. La intención es que ellas puedan concentrarse en buscar a sus seres queridos.
La jornada contó con la participación de 75 personas provenientes de 15 estados. Además de las búsquedas, se realizaron marchas y acciones de visibilización en Monclova, Piedras Negras, San Buenaventura, Allende y Frontera, así como la colocación de dos “Árboles de la Memoria”. También se revisaron catálogos de personas fallecidas no identificadas.
Además, se documentaron cinco nuevos casos de personas que reportaron a un familiar como desaparecido o que manifestaron haber perdido contacto con sus familias durante su internamiento. También se identificó un posible caso de violación a derechos humanos que será canalizado para su atención.
Para Ramírez, uno de los principales retos es comprender que la búsqueda en vida y la búsqueda forense deben desarrollarse de manera paralela y complementaria.

La especialista recordó que existe un importante rezago forense y que, mientras no funcionen plenamente los mecanismos para cruzar información genética, las familias continúan agotando otras posibilidades para encontrar a sus seres queridos.
Incluso, detalló que hay casos de larga data que demuestran que los años transcurridos no eliminan la posibilidad de encontrar a una persona con vida y relató un caso en Michoacán de una persona privada de la libertad que llevaba 15 años sin comunicación con su familia y que pudo ser hallada mediante el trabajo de las familias buscadoras.
La experiencia de Coahuila también comienza a dejar capacidades instaladas. Ramírez destacó que la propia Comisión de Búsqueda de Coahuila reconoció que estas organizaciones le enseñaron a buscar en vida y que ahora esta perspectiva forma parte de sus ejes de trabajo.
La jornada, sostuvo, demuestra que estos ejercicios pueden convertirse en política pública y replicarse en otras entidades. La Búsqueda Nacional en Vida ha recorrido ya estados como Jalisco, Nuevo León, Sonora, Morelos y Guerrero, dejando una metodología que parte de una premisa: “cada pista debe ser agotada mientras exista la posibilidad de encontrar a una persona con vida”.
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