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PRENSA IBERO
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• La Mtra. Vanessa Ibarmea advierte un aumento de la ansiedad, la depresión y la angustia por la posible separación de familias mexicanas en Nueva York • Bajo supervisión académica, estudiantes brindan orientación psicológica en español y vinculan a las personas con clínicas y organizaciones comunitarias • La experiencia también transforma al alumnado al confrontarlo con historias de violencia, discriminación, pérdidas y desigualdad
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: jorge.cortes@ibero.mx

El miedo a ser deportadas o deportados, la posibilidad de que sus familias sean separadas, la violencia de género, la discriminación y los duelos por todo aquello que dejaron atrás son algunas de las realidades que enfrenta la comunidad migrante mexicana en Nueva York. Ante este panorama, estudiantes de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Iberoamericana ofrecen orientación y acompañamiento con sensibilidad lingüística y cultural.
La Mtra. Vanessa Ibarmea, profesora y supervisora de la práctica con poblaciones específicas de la IBERO en el Consulado General de México en Nueva York
“Vemos índices de ansiedad mucho más altos, vemos índices de depresión más altos también. Hay mucho miedo, hay angustia por la separación de las familias”, explicó la académica. Esta incertidumbre, añadió, llega a modificar la vida cotidiana en zonas con una importante presencia latina, donde disminuye la cantidad de personas en las calles cuando se reportan operativos de autoridades migratorias.
En este contexto, el acompañamiento psicológico en español, gratuito y con entendimiento de los referentes culturales de la población mexicana se vuelve especialmente necesario. De acuerdo con Ibarmea, estos servicios todavía son insuficientes en Nueva York, por lo que la participación de las universidades resulta fundamental.
Como parte de esta práctica académica, realizada durante los últimos semestres de la Licenciatura en Psicología, el alumnado participa en la Ventanilla de Orientación Psicológica, integrada a la Ventanilla de Salud del Consulado.
Una de sus funciones es colaborar con el Departamento de Protección Consular, área a la que acuden personas que atraviesan circunstancias especialmente difíciles, como la detención o posible deportación de un familiar, conflictos migratorios, fallecimientos y procesos para repatriar cuerpos a México.
Antes de iniciar sus trámites, las y los connacionales pueden hablar con estudiantes de Psicología, expresar lo que están viviendo y recibir contención emocional. Esto les ayuda a organizar sus pensamientos y afrontar con mayor tranquilidad los procedimientos que deben realizar con el personal consular.
Además, el alumnado ofrece orientación individual durante un número limitado de sesiones, desarrolla materiales de divulgación, imparte talleres y participa en seminarios virtuales para prevenir problemas de salud mental y combatir el estigma que todavía rodea la atención psicológica.
La labor no sustituye un tratamiento psicoterapéutico o psiquiátrico de largo plazo. Cuando se identifica una necesidad especializada, las personas son canalizadas a clínicas y organizaciones incluidas en un directorio construido a lo largo del proyecto.
Roberta García Elizalde participó en esta práctica en enero de 2022, cuando era estudiante de la IBERO. Su trabajo se desarrolló en un modelo de intervención en crisis dentro de la Ventanilla de Salud, donde ofrecía espacios de escucha a personas que esperaban para realizar sus trámites.
Aunque no siempre llegaban al consulado en busca de atención emocional, contar durante la espera con alguien que las escuchara, hablara español y compartiera algunos de sus referentes culturales podía marcar una diferencia.
La experiencia le permitió comprender que la identidad de una persona no se reduce a la migración. Quienes solicitaban acompañamiento también eran madres, padres, mujeres y personas trabajadoras atravesadas por experiencias familiares, laborales y comunitarias distintas.
Entre los casos atendidos, Roberta identificó historias de violencia de género, física, económica y psicológica, así como problemas relacionados con el consumo de alcohol, la discriminación, la crianza y los efectos de experiencias traumáticas.
“Son personas que tienen todo tipo de historias, todo tipo de vivencias y que merecen espacios para ser escuchadas, para vivir, para ser acompañadas con respeto y que merecen estos servicios de salud mental dignos”, expresó.
El acompañamiento exige también abandonar juicios sobre cómo debería verse la vida de una persona migrante. Una hermana que permanece en México y con quien se habla todos los días, aun después de décadas sin verse, puede seguir siendo una red de apoyo. Al mismo tiempo, reconocer los vínculos construidos en Nueva York ayuda a fortalecer el sentido de pertenencia y disminuir el aislamiento.
El trabajo de las y los estudiantes no termina en la escucha. También consiste en conectar a las personas con organizaciones comunitarias que ofrecen clases gratuitas de inglés, asesoría jurídica, atención médica, actividades artísticas, talleres de crianza, jardines comunitarios y materiales escolares.
Roberta también realizó su servicio social en Mixteca, una organización ubicada en Brooklyn. Ahí observó que las actividades comunitarias podían hacer que las personas se sintieran bienvenidas y bajaran algunas de las defensas desarrolladas frente a la discriminación y la desigualdad cotidiana.
Para Ibarmea, la existencia de redes sólidas puede mejorar la calidad de vida de la población migrante, especialmente cuando permiten convivir con personas que hablan el mismo idioma, comparten experiencias semejantes y conocen los recursos disponibles en sus comunidades.
Debido al contexto migratorio actual y a las posibles complicaciones para viajar, las y los estudiantes no se encuentran presencialmente en Nueva York durante este semestre. Sin embargo, la IBERO decidió mantener a distancia el acompañamiento y las actividades solicitadas por los consulados, con un grupo que trabaja desde la Ciudad de México.
Esta labor ha sido reconocida por el Consulado General de México en Nueva York, que recientemente destacó la contribución del Departamento de Psicología de la IBERO al bienestar de las familias mexicanas. Más allá del reconocimiento, los testimonios muestran que la práctica también transforma al alumnado.
“A mí me cambió profundamente esta experiencia”, aseguró Roberta. Escuchar historias tan dolorosas la obligó a reconocer sus propios límites y a prepararse mejor para acompañar a mujeres y familias atravesadas por el trauma. Así, la práctica vincula la formación profesional con una realidad en la que escuchar sin juzgar, contener una crisis y acercar una red de apoyo pueden ayudar a una persona a no enfrentar sola el miedo.
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