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• Quintana Roo ya acumula 104 mil 700 toneladas de sargazo recolectadas en 2026 y podría cerrar el año con al menos 130 mil, 35% más que en 2025 • María Zorrilla Ramos reconoce la existencia del Plan de Acción Regional sobre Sargazo, anunciado en 2025, pero advierte que no son claras las acciones concretas derivadas del acuerdo y que el problema rebasa al Caribe
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Jefa de Prensa de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: mariana.dominguez@ibero.mx

México puede instalar barreras, adquirir embarcaciones, retirar toneladas de sargazo de sus playas e incluso transformarlo en biogás o materiales de construcción. Sin embargo, ninguna de estas medidas resolverá por sí sola una crisis cuyas causas se encuentran mucho más allá de las costas mexicanas, advirtió la Mtra. María Zorrilla Ramos, académica e investigadora del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus)
La dimensión del problema ya marca récords. Quintana Roo acumula 104 mil 700 toneladas de sargazo recolectadas en mar abierto y playas durante 2026 y el pronóstico oficial apunta a cerrar el año con al menos 130 mil toneladas, 35% más que las 96 mil registradas en 2025. En años anteriores, los máximos rondaban entre 40 mil y 50 mil toneladas.
Zorrilla explicó que el sargazo es una macroalga que forma parte naturalmente de los ecosistemas del Atlántico, pero desde 2011 comenzaron a registrarse proliferaciones extraordinarias hacia el Caribe.
No existe una sola causa. Entre los factores están el calentamiento de la superficie marina, una mayor disponibilidad de nutrientes, la contaminación proveniente de actividades humanas, las corrientes marinas y los vientos.
La especialista destacó la llamada contaminación difusa: agroquímicos utilizados tierra adentro pueden infiltrarse en suelos y corrientes de agua hasta desembocar en el océano, aumentando los nutrientes disponibles para el crecimiento del sargazo.
A ello se suma un cambio en la temporalidad. Este año, el recale masivo en Quintana Roo comenzó desde el 5 de enero, cerca de dos meses antes de lo habitual, y podría mantenerse durante prácticamente todo el año.

Las floraciones masivas pueden reducir la entrada de luz y la oxigenación del agua, afectando peces, tortugas, manglares y arrecifes de coral.
Cuando el sargazo llega a tierra y comienza a descomponerse puede liberar sulfuro de hidrógeno (H₂S), gas reconocible por su olor a huevo podrido y cuya exposición puede provocar afectaciones a la salud.
Zorrilla llamó especialmente la atención sobre quienes retiran el alga sin protección adecuada. “Es una actividad de riesgo”, enfatizó.
La académica reconoció avances recientes en la coordinación entre la Secretaría de Marina, autoridades estatales y municipales. Actualmente, Quintana Roo mantiene alrededor de 9 mil metros de barreras físicas, además de cuadrillas de recolección y acciones en mar abierto.
También existe un Plan de Acción Regional sobre Sargazo, acuerdo internacional anunciado en 2025 para articular esfuerzos entre países afectados.
Sin embargo, Zorrilla señaló que “no son claras las acciones directas que la comunidad internacional está implementando a partir de este instrumento”, y consideró que su alcance tendría que ampliarse.
El sargazo, explicó, no es únicamente un problema de los países del Caribe, sino un fenómeno que involucra una zona mucho mayor del Atlántico y cuyas causas están relacionadas con procesos que atraviesan múltiples territorios y economías.
“Necesitamos un solo acuerdo que vincule a todos los países que están involucrados”, planteó.
Para Zorrilla, el calentamiento oceánico está relacionado con el cambio climático, mientras que parte de los nutrientes que favorecen las proliferaciones puede proceder de actividades realizadas en distintas cuencas y países.
“Tenemos que tener políticas que vean el océano como un bien común”, sostuvo.
Y resumió el problema de fondo: “Lo que nos está llegando no es un tema de mala gestión ambiental previa en México; es el resultado de una mala gestión de los océanos”.
Tabiques, biogás, biocombustibles y otros productos forman parte de las alternativas exploradas para aprovechar el alga. Zorrilla considera positiva esta innovación, pero advierte que no debe confundirse con una solución estructural.
“Para la cantidad de sargazo que nos está llegando, eso no lo va a resolver”, señaló.
La llamada “marea marrón” afecta ya buena parte de los 1,176 kilómetros de costa de Quintana Roo, con impactos en destinos como Tulum, Playa del Carmen, Puerto Morelos, Cancún y Mahahual, además de consecuencias para la pesca, los manglares y otros ecosistemas.
Con más de 104 mil toneladas recolectadas y un nuevo máximo histórico en puerta, la discusión, concluyó Zorrilla, ya no puede limitarse a cómo retirar el sargazo de las playas. El reto es convertir los acuerdos internacionales en acciones concretas y construir una respuesta que abarque al Atlántico, no solamente a los países del Caribe.
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