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PRENSA IBERO
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• Raúl Gutiérrez Patiño, académico del CENTRUS IBERO, apunta que garantizar el acceso al agua implica asegurar que sea de calidad y apta para el consumo humano. • El especialista plantea fortalecer la regulación, la coordinación entre gobiernos y la participación ciudadana para prevenir daños a la salud y proteger los ecosistemas
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Reportero de la IBERO

Entre marzo y abril, en Jalisco se comenzó a agudizar una crisis de agua contaminada que llega a diversas colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara. El líquido, han documentado habitantes, es amarillo, café y hasta negro, lo que ha provocado distintas movilizaciones en el estado para exigir una solución.
Para el Dr. Raúl Gutiérrez Patiño, académico del Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (CENTRUS) de la Universidad Iberoamericana (IBERO), la contaminación del agua es reflejo de dificultades en la gestión del territorio, protección de los ecosistemas y supervisión de las actividades que generan residuos.
Frente a este panorama, el especialista dijo a Prensa IBERO que es necesario atender las causas ambientales e institucionales que comprometen la disponibilidad y la calidad del recurso en cualquier parte del país.
Explicó que este problema ambiental en las grandes ciudades es multidimensional: expansión urbana, sobreexplotación de los acuíferos, contaminación de las zonas de infiltración y deficiencias en la gestión de los residuos, que afectan el abastecimiento y la capacidad de los ecosistemas para mantener el ciclo natural del líquido vital.
El Dr. Gutiérrez Patiño destacó que el crecimiento urbano modifica las condiciones del territorio y reduce la capacidad del suelo para permitir la infiltración del agua.
“Cuando se deterioran o desaparecen las áreas que contribuyen a la recarga de los acuíferos, disminuye la capacidad natural para recuperar las reservas subterráneas”, apuntó.
Abundó que a ello se suma la extracción de agua por encima de la capacidad de renovación de los mantos acuíferos, una presión que puede generar consecuencias ambientales y comprometer la disponibilidad futura del recurso.
El académico subrayó que la solución no consiste solo en identificar cuánta agua existe, sino en comprender las condiciones ecológicas del territorio, proteger las zonas de recarga y conservar bosques, barrancas y riberas.
Advirtió que la contaminación de estas áreas y el manejo inadecuado de los residuos requieren mayor vigilancia, transparencia y rendición de cuentas. Sin estos elementos, las medidas para garantizar el abastecimiento resultan insuficientes para proteger integralmente el agua y los ecosistemas.
El investigador enfatizó que el derecho humano al agua y el derecho a un medio ambiente sano están vinculados, por lo que el acceso al recurso no debe reducirse a disponer de infraestructura o recibir agua a través de las redes de distribución: también implica que tenga la calidad necesaria para el consumo humano.
El académico señaló la importancia de identificar los contaminantes presentes, localizar los principales puntos de descarga y establecer mecanismos para prevenir que las sustancias peligrosas lleguen a los cuerpos de agua y los acuíferos.
La vigilancia debe acompañarse de normas ambientales y sanitarias sólidas, así como de medidas para recuperar los ecosistemas afectados. La prevención, sostuvo, requiere actuar sobre las fuentes de contaminación y no limitarse a responder cuando el daño ya se ha producido.
Las opiniones y puntos de vista vertidos en este comunicado son de exclusiva responsabilidad de quienes los emiten y no representan necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de la Universidad Iberoamericana.
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