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PRENSA IBERO
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• A 10 años de su muerte, las canciones de “El Divo de Juárez” mantienen vigencia porque apelan a emociones universales y son fáciles de cantar, señala Julia Palacios, investigadora de la IBERO • Recuerda que su presentación en Bellas Artes rompió con la idea de que la cultura popular y la alta cultura debían permanecer separadas • Su forma artesanal de componer contrasta con la producción musical basada actualmente en tecnología e inteligencia artificial, afirma
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional · Contacto de prensa: luis.reyes@ibero.mx

A una década de la muerte de Juan Gabriel, su música no solo permanece vigente: continúa siendo cantada, bailada y apropiada por nuevas generaciones. Para la Dra. Julia Palacios Franco, investigadora especializada en historia de los medios, cultura popular y música de la Universidad Iberoamericana (IBERO), la permanencia del cantautor mexicano se explica por haber creado canciones que tocan emociones esenciales, melodías accesibles y una extraordinaria capacidad para convertir experiencias personales en expresiones colectivas.
La Dra. Palacios Franco consideró que ahí reside uno de los grandes méritos del compositor. Sus canciones pueden parecer sencillas, pero están construidas con melodías, ritmos, cadencias y palabras capaces de permanecer en la memoria.
“No es la gran poesía sofisticada, pero finalmente te lleva en un ritmo, te lleva en una emoción a conectar y a que se te pegue la canción”, señaló.
Para la investigadora, Juan Gabriel ocupa un lugar excepcional dentro de la música popular mexicana. Aunque reconoció la trascendencia de figuras como Pedro Infante, Vicente Fernández, José Alfredo Jiménez o Agustín Lara, consideró que el cantautor consiguió una enorme producción como compositor y una presencia escénica que transformó la manera de interpretar la música popular.
Su vestuario, movimientos, actitudes, ocurrencias y extravagancias formaban parte de una personalidad artística que desbordaba los límites tradicionales del escenario. Pero, sobre todo, conseguía que el público participara.
En sus conciertos, apuntó Palacios, la música podía convertirse en una experiencia colectiva en la que todos terminaban bailando, sin importar diferencias socioeconómicas, educativas o de género.
“A mí me gusta mucho decir que hay un Juan Gabriel dentro de cada uno de nosotros”, afirmó.
Esa capacidad para conectar con las emociones y, al mismo tiempo, atreverse a romper esquemas convirtió al cantante en una figura entrañable que, diez años después de su fallecimiento, continúa presente en la cultura popular.
Uno de los momentos que mejor representa la trascendencia cultural de Juan Gabriel fue su presentación en el Palacio de Bellas Artes. Para la Dra. Palacios, el suceso tuvo una dimensión sociológica porque cuestionó la separación entre la llamada alta cultura y las expresiones populares.
“Rompió con este mito de que Bellas Artes era este espacio de la alta cultura y que él era popular”, explicó.
Su presencia en ese recinto contribuyó a modificar la percepción sobre lo que podía considerarse digno de ocupar un espacio asociado tradicionalmente con la cultura de élite. Años después, el propio Palacio de Bellas Artes se convirtió en escenario de una de las mayores expresiones colectivas de duelo tras su muerte.
Miles de personas hicieron fila durante horas para rendir homenaje al artista y despedir sus cenizas. Para la investigadora, aquel fenómeno confirmó el lugar que Juan Gabriel había conquistado en el imaginario colectivo y evidenció que su impacto iba mucho más allá de la industria musical.
El repertorio de Juan Gabriel tiene canciones para prácticamente cualquier estado de ánimo y momento de la vida. Sin embargo, Palacios identificó en “Amor Eterno” uno de sus grandes himnos.
La canción, escrita a partir de la experiencia de la pérdida de su madre, adquirió una dimensión colectiva que trasciende la historia personal del compositor. Después de su muerte, fue una de las piezas que más se escucharon y cantaron durante los homenajes realizados en distintos lugares.
“‘Amor Eterno’ funciona porque lleva a las personas hacia emociones profundas relacionadas con la pérdida, los seres queridos y el miedo a perderlos”, apuntó.
En el extremo opuesto aparece el “Noa Noa”, asociada con la alegría, el baile y la catarsis colectiva. Recordó que se trata de una pieza vinculada con el lugar donde Juan Gabriel alcanzó popularidad en Ciudad Juárez y que fue la última canción que interpretó en su último concierto.
Su repertorio, dijo, está lleno de frases que abandonaron las canciones para incorporarse al lenguaje cotidiano. Expresiones como “qué necesidad” se convierten en referencias populares que permiten que la gente evoque a Juan Gabriel incluso sin estar escuchando directamente su música.
También hay espacio para canciones como “Buenos Días, Señor Sol”, cuya sencillez y tono optimista contribuyen a ampliar el espectro emocional de su obra.
Otro elemento fundamental de la permanencia de Juan Gabriel es la accesibilidad de su música. De acuerdo con Palacios, sus canciones no exigen al público conocimientos musicales ni capacidades vocales extraordinarias. Son melodías que pueden ser cantadas por prácticamente cualquier persona.
“Esa facilidad de apropiarse de una canción, pues permite el éxito”, sostuvo la especialista.
A esto se suma un repertorio enorme y la posibilidad de que otros intérpretes vuelvan constantemente a sus composiciones. Los covers realizados por distintos artistas mantienen sus canciones circulando y permiten que cada generación las descubra y las haga propias.
Para Palacios, no se trata únicamente de nostalgia. La vigencia también tiene que ver con la calidad de las composiciones: letras, melodías, ritmos y estructuras que continúan funcionando décadas después de haber sido creadas.
La relación de Juan Gabriel con la tecnología ofrece otro contraste interesante frente a la industria musical actual. La investigadora recordó una frase del propio artista en la que explicaba su relación con la escritura a mano: para él, el viento empujaba su mano al escribir poesía, algo que no podía reproducirse frente a una computadora.
Palacios consideró que, de haber enfrentado directamente el actual escenario dominado por plataformas digitales, herramientas tecnológicas e inteligencia artificial, probablemente habría mantenido su manera artesanal de trabajar.
Juan Gabriel era, señaló, un artista cuidadoso con sus producciones y tenía muy claro cómo quería que sonara su música. Sus canciones surgían de su propia creatividad y no de sistemas capaces de generar ritmos, melodías o letras a partir de grandes cantidades de información.
La diferencia, explicó, está en el origen de la creación. Las canciones de Juan Gabriel estaban “en el cerebro de Juan Gabriel”, en un ser humano, y no en una nube tecnológica.
El propio artista, sin embargo, sí utilizó tecnologías para documentar y contar su vida. Palacios rememoró el material en el que se grababa a sí mismo y a sus hijos, una faceta que muestra que su relación con la tecnología no era de rechazo absoluto, sino que la utilizaba como herramienta cuando servía a sus propósitos.
La presencia de Juan Gabriel durante este décimo aniversario de su fallecimiento confirma, para Palacios, que su legado no depende únicamente de homenajes conmemorativos. Su música continúa apareciendo en plataformas, televisión, espacios públicos y presentaciones de nuevos artistas.
La permanencia de sus canciones demuestra que el cantautor logró algo que pocas figuras de la música popular consiguen: convertir su obra en parte de la vida cotidiana de varias generaciones.
La investigadora recuperó una frase atribuida al propio Juan Gabriel: “La vida nos da la oportunidad de superarnos y si llegamos a ser grandes, entonces nunca moriremos”.
Para Palacios, pocas ideas describen mejor la trayectoria del artista.
“Él no ha muerto, Juan Gabriel es inmortal. Seguimos coreando sus canciones”, concluyó.
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