PRENSA IBERO
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22 DE ABRIL DE 2026
Por: Jorge Luis Cortés
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Reportero de la Dirección de Comunicación Institucional

En México, la sostenibilidad empresarial vive un momento paradójico: y es que nunca había importado tanto ni generado tanta desconfianza. De acuerdo con el informe Perspectivas empresariales de México para un Planeta Próspero, cuyos datos fueron destacados durante la inauguración del 6º Simposio Innovación para el Bien Común y el Desarrollo Sostenible de la Universidad Iberoamericana, el 95% de las y los mexicanos considera fundamental que las empresas actúen con responsabilidad ambiental y social; sin embargo, más del 55% duda de la veracidad de los reportes corporativos sobre su desempeño en estos temas.
El dato, expuesto por Mauricio Bonilla, quien ha fungido como profesor de la IBERO y es Director Ejecutivo de Pacto Global Red México, iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas, revela una tensión estructural: mientras las empresas avanzan en compromisos públicos (88% afirma asumirlos), la confianza social no crece al mismo ritmo. La conversación, sostenida con la Mtra. Adriana Salcedo Zárraga, coordinadora de la Cátedra para el Bien Común Nicolás Mariscal Torroella, puso sobre la mesa uno de los mayores desafíos de la agenda sostenible: cerrar la brecha entre lo que se hace y lo que se cree.
“El progreso existe, pero la confianza sigue en duda”, advirtió Bonilla al explicar que apenas el 16% de los mexicanos confía plenamente en que las grandes empresas actúan en beneficio de la sociedad, y sólo el 9% deposita esa confianza en compañías globales que operan en el país.
El estudio, realizado en alianza con la firma internacional Globescan, confirma que el consumidor mexicano no solo está informado, sino profundamente preocupado. Más del 97% de la población identifica la contaminación del aire, del agua y el cambio climático como los problemas más graves del planeta, colocándolos incluso al nivel de la pobreza extrema y la corrupción.
Este hallazgo no es menor: dentro de la agenda de sostenibilidad, que incluye derechos humanos, condiciones laborales y combate a la corrupción, el componente ambiental se ha convertido en el principal filtro de evaluación para las empresas. En otras palabras, hoy las marcas no sólo compiten por precio o calidad, sino por su impacto ecológico.
Aunque el discurso corporativo ha evolucionado, los datos evidencian rezagos estructurales. Sólo la mitad de las empresas en México mide sus emisiones de gases de efecto invernadero en sus operaciones directas (alcances 1 y 2), y apenas una de cada cuatro analiza el impacto total de su cadena de valor (alcance 3), uno de los indicadores más relevantes en estándares internacionales. Esto implica que muchas compañías aún no cuentan con diagnósticos completos sobre su huella ambiental, lo que limita tanto la acción como la credibilidad.
Aun así, Bonilla subrayó que el país se encuentra en una fase clave de transformación: nuevas normas de información financiera y marcos regulatorios están obligando a las empresas a transparentar su impacto, lo que podría redefinir los cimientos de la sostenibilidad empresarial en México
“Las bases se están colocando”, explicó el aliado de la ONU, al señalar que inversionistas, consumidores y hasta futuros empleados están comenzando a evaluar a las empresas no sólo por su rentabilidad, sino por su comportamiento ambiental y social.
Uno de los puntos más críticos del análisis es que la sostenibilidad no se resolverá únicamente con compromisos o políticas internas. De hecho, dos de cada tres empresas ya cuentan con lineamientos alineados a estándares internacionales en temas ambientales, laborales y de derechos humanos. El problema es otro: cómo comunicarlo, demostrarlo y, sobre todo, sostenerlo en el tiempo.
Para Bonilla, la narrativa empresarial será clave en esta nueva etapa. No se trata de construir discursos perfectos, sino de comunicar con honestidad, incluso los retos y fallas. “Ninguna empresa es perfecta, pero la transparencia sobre los desafíos también construye confianza”, apuntó.
Bonilla también apuntó a que la sostenibilidad no puede recaer únicamente en el sector privado. El cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) exige una colaboración estrecha entre empresas, gobiernos y sociedad civil: “No hay presupuesto público que alcance para resolver todos los retos sociales”.
Por: Jorge Luis Cortés
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